Lunes, XVII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

El reino de Dios está dentro y alrededor de nosotros

Lecturas: 1ra: Jer 13:1-11; Sal: 32; Ev: Mt 13:31-35

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, lunes de la decimoséptima semana del tiempo ordinario, Mateo nos presenta las parábolas de Cristo de la semilla de mostaza, y la levadura.

Cualquier persona que creció en una comunidad agrícola, o que ha sembrado cualquier tipo de semilla, la vio germinar, crecer y desarrollarse en una planta ciertamente reconocerá la belleza y el milagro de la creación.

En el evangelio de hoy, Cristo utilizó la parábola de la semilla de mostaza y la levadura para ilustrar cómo se desarrolla la palabra de Dios, y el misterio del reino de Dios presente en nuestra vida.

Un punto importante a notar en ambas parábolas es la medida de (tamaño y cantidad) de los elementos involucrados. Ambos son pequeños, pero eventualmente, se convierten en algo grande.

Al principio, parecían insignificantes, pero después de algún tiempo, produjeron algo grande y muy significativo que beneficia a otros.

En ambos casos, antes de este éxito significativo de estos elementos, la semilla y la levadura primero deben experimentar la transformación por perder su identidad. Igualmente, transforman su ambiente mientras se desarrollan.

¿Qué aprendemos de estas dos parábolas similares hoy? Como la semilla de mostaza y la levadura, la palabra de Dios es la semilla del reino de Dios que ha sido sembrada en nuestra vida.

No importa lo poco que la hayamos escuchado, o en qué momento de nuestra vida la hayamos recibido. Lo que importa es que, si encuentra un lugar fértil en nosotros, nos transformará en algo precioso y hermoso.

Este reino crece en nosotros cada día. Crece a través de la predicación que escuchamos cada día, y eventualmente toca la vida de los demás positivamente.

Crece a través del testimonio de nuestra familia y comunidad cristiana, y se convierte igualmente en la buena nueva de Cristo, que irradia luz, atrae y transforma a otras personas que nos rodean.

Así que el reino de Dios no es algo abstracto, está dentro y alrededor de nosotros, y sigue desarrollándose cada día. Está aquí ahora, e igualmente en el futuro, porque Cristo reina en nosotros y reinará para siempre. Amen.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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