Martes XVII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

El juicio final de Dios de la separación

Lecturas: 1ra: Jer 14:17-22; Sal: 78; Ev: Mt 13:36-43

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, martes de la decimoséptima semana del tiempo ordinario, Cristo explicó la parábola del trigo y la cizaña.

En el corazón de esta parábola hay dos puntos claros. Estos son el juicio final y el reino de Dios; y la batalla del bien contra el mal.

En esta parábola, también hay algo muy interesante sobre el elemento o la metáfora más importante que Cristo utilizó para representar a los hijos del reino. Calificó la semilla con el adjetivo, “buena”.

Esto simplemente significa que “ab initio”, la semilla era de muy buena calidad. Fue cuidadosamente seleccionada para el propósito del sembrador.

Además, esto significa que era viable y potente, y que cualquier planta que se produce, será fuerte para competir y sobrevivir.

De hecho, lo que hace “bueno” a los hijos del reino es la calidad de vida que poseen. Es decir, su capacidad para resistir el mal que constantemente acecha a su alrededor, y amenaza su existencia.

Los hijos del reino exhiben cualidades inigualables que les ayudan a sobrevivir la condición y la competencia más duras en un mundo lleno de todo tipo de peligros y maldad.

Estas cualidades son las virtudes cristianas que debemos esforzarnos a vivir, si debemos sobrevivir la amenaza del maligno en nuestro viaje al reino de Dios.

¿Crearía Dios los dos mundos separados? ¿Uno para los santos y el otro para los pecadores? ¡Definitivamente, no en este mundo presente!

Siempre habrá batalla constante del bien contra el mal en este mundo. Lo que nos sostendrá en esta batalla hasta el juicio de Dios de la separación es la fuerza y la calidad de nuestro carácter y las virtudes cristianas.

Si sobrevivimos, seremos admitidos graciosamente en el reino eterno de Dios. Mientras que la cizaña y la corrupción de este mundo, las obras del maligno serán arrancados y desterradas para siempre.

Así que, mientras esperamos el juicio de Dios de la separación, le pidamos que nos mantenga fuertes y firmes en nuestra batalla constante contra el mal en nuestro mundo, para que triunfante, podamos ser admitidos en su reino, donde Cristo reina para siempre.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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