Jueves XVII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

La última Parábola del Reino de Dios

Lecturas: 1ra: Jer 18:1-6; Sal: 145; Ev: Mt 13:47-53

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el jueves de la decimoséptima semana del tiempo ordinario, Cristo concluye su enseñanza del reino de Dios con parábolas.

Cristo compara el reino de Dios con, “una red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos.”

Baste señalar que, sólo Mateo registró esta última parábola. Por lo tanto, a diferencia de las otras parábolas de Cristo, esta parábola está sola en el evangelio de Mateo, y no tiene paralelo en los otros tres evangelios.

Es una parábola muy práctica que describe la vida y la actividad diaria de los discípulos de Cristo, la mayoría de los cuales eran pescadores, o al menos, dependían de la pesca para su comida diaria. Así que, hace mucho sentido para ellos.

Definitivamente, no toda criatura marina que la red captura en el mar es útil para el pescador. Así que, como un hombre sabio, tiene que tomarse su tiempo pacientemente para separar lo bueno de lo malo.

Por lo tanto, como la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13:24-30), esta última parábola apunta a la sabiduría de Dios, el juez justo, que separará lo bueno de lo malo al final de los tiempos.

Hoy como en cada discurso bueno, Cristo hace una declaración concluyente de su enseñanza del reino de Dios: “Todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.”

Esta declaración concluyente es muy importante por dos razones. Primero, habla a sus críticos, los escribas (autoridades) que, aunque eran sabios en las cosas de este mundo, no hicieron mucho esfuerzo para ganar la sabiduría del reino de Dios.

Segundo, nos recuerda que, mientras que la sabiduría (calificaciones, grados y títulos) que adquirimos para nuestra supervivencia en este mundo es buena, procurar la sabiduría que nos califica para el reino de Dios garantiza nuestro futuro.

En otras palabras, nuestra preocupación o búsqueda de la realidad y su realización debe involucrar tanto lo temporal como lo espiritual para que seamos verdaderamente sabios.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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