Homilia del Decimoctavo Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

El Amor Incondicional de Dios: Nos Sana y Libera

Lecturas: 1ra: Is 55: 1-3; Ps: 55: 1-3; 2da: Rom 8: 35. 37-39; Ev: Mt 14: 13-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este decimoctavo Domingo del tiempo ordinario, la iglesia llama nuestra atención una vez más al amor incondicional de Dios manifestado plenamente en su hijo, Jesucristo. Este amor nos sostiene a través de la Eucaristía.

En nuestra primera lectura, Dios extiende una invitación especial y universal a todos nosotros. Nos ofrece todo gratuitamente. Lo único que Dios necesita es: “venga…escuche, preste atención y tu alma vivirá “.

Esta es una invitación universal. Es urgente porque, cuanto más retrasamos, menos oportunidades tendremos. A través de esta invitación, Isaías nos recuerda que Dios quiere que experimentemos su amor, consuelo y provisión (Is 40.1).

En nuestra segunda lectura, Pablo habla con gran confianza del amor de Dios por nosotros. Por supuesto, habla como uno que ha experimentado este amor. Él nos asegura que nada puede separarnos del amor de Cristo: “Ni siquiera problemas, persecuciones, carencias. Ni la muerte, ni la vida, ni ninguna cosa creada puede separarnos del amor de Dios.” Pablo enfatiza la incapacidad de todos estos para separarnos del amor de Cristo. Ninguno de estos es capaz de disminuir el amor y la amistad que existe entre Cristo y todo verdadero creyente.

En el Evangelio de hoy, Jesús demostró prácticamente su amor por su pueblo. La alimentación de cinco mil personas muestra la profunda generosidad y amor de Dios hacia nosotros. Las doce canastas de pescado y pan que se recogieron después del milagro de Cristo es también un signo de la generosidad de Dios.

Es una señal de los dones de Dios a nosotros. Es decir, dones que traen bendición, sanación y refrescan tanto nuestra alma y cuerpo. Dios nunca está cansado de cuidarnos, y Jesús nunca defrauda a aquellos que lo buscan fervientemente.

¿Qué aprendemos del Evangelio de hoy? Primero, Jesús simpatiza y empatiza con nosotros en nuestra angustia. Siente lo que sentimos y viene a nuestra ayuda. Segundo, cada vez que venimos a él, nunca nos echa fuera. Tercero, Cristo hace lo imposible posible por nuestro bien. Cuarto, el milagro de la multiplicación de los panes, es un signo que prefigura la superabundancia la Eucaristía. Expresa la grandeza del amor con lo que Dios nos sostiene en nuestro viaje.

Finalmente, el amor de Dios nos sigue sanando todos los días de nuestra vida. Sigue multiplicando nuestros panes. Cristo nos sigue confortando y nutriendo. Siempre, sobre nosotros enarboló su bandera de amo (Cantares 2:4). Cuando Dios da, da abundantemente. Los que presentaron sus panes y peces fueron instrumentos del amor de Dios en las manos de Cristo. Por lo tanto, participaron en el milagro de Jesús. Cristo cuenta con nosotros para proveerlos en el momento adecuado.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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