Viernes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario, Año A

San Maximiliano María Kolbe, Ruega por Nosotros

Lecturas: 1ra: Ez 16:1-15. 60. 63; Sal: (Is 12); Ev: Mt 19:3-12

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el viernes de la decimonovena semana de tiempo ordinario, la Iglesia honra a un gran santo, Maximiliano María Kolbe, sacerdote y mártir.

Nacido en Polonia el 8 de enero de 1894, ingresó en la Orden Franciscana en 1910. Después de sus estudios, fue ordenado en Roma en 1918.

A su regreso a Polonia, fundó la milicia del Movimiento Inmaculada de Consagración Mariana en 1917. Esta orden floreció y se convirtió en una de la más grande orden católica del mundo.

En 1941, fue encarcelado por los nazis en el campo de exterminación de Auschwitz. Allí, ofreció su vida por otro prisionero que tenía una familia que cuidar. Fue matado con una inyección fatal el 14 de agosto de 1941.

En 1982, el Papa Juan Pablo II canonizó a Maximiliano como “mártir de la caridad”. Maximiliano Kolbe es el patrón de los periodistas, familias, prisioneros, el movimiento provida y los adictos a los productos químicos.

Hoy, los fariseos preguntaron a Cristo: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?” Si esta pregunta era difícil en aquel tiempo que la pusieron a Cristo, hoy algunos dicen que es mil veces más difícil responder.

Sin embargo, otros sugieren que es más fácil y más sencillo responder ahora. La razón es simple. Vivimos en un mundo donde el matrimonio ha tomado una definición relativa, y la mayoría de los matrimonios terminan en divorcio.

Aunque los fariseos sabían lo correcto, su motivo los traicionó. Vinieron por su propia razón egoísta. Vinieron a ponerle a Cristo una trampa.

Sin embargo, Jesús conoció su plan, y condenó el divorcio. Enseñó que la raíz del divorcio es el egoísmo. Atreves de esto, preservó la santidad del matrimonial.

Hoy, muchos de nosotros nos enfrentamos con preguntas como estas. Unas vienen con intenciones genuinas, mientras que otras vienen a probarnos y hacernos caer en el error, o negar lo que nuestra fe nos enseña.

Por lo tanto, siempre debemos pedirle a Dios que nos mantenga firmes y nos conceda la sabiduría para decir y hacer lo correcto.

Especialmente, para defender las instituciones sagradas de las que depende nuestra existencia y fe.

San Maximiliano Kolbe, Ruega por Nosotros.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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