Viernes de la XX Semana del Tiempo Ordinario, Año A

San Pio X, Ruega por Nosotros

Lecturas: 1ra: Ez 37:1-14; Sal: 106; Ev: Mt 22:34-40

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el viernes de la vigésima semana del tiempo ordinario, la Iglesia honra a un gran hombre y figura, San Pío X, Papa. Nació en Venetia, el 2 de junio de 1835, y fue ordenado sacerdote a la edad de veintitrés años.

Durante 17 años, trabajó como párroco. Más tarde fue nombrado obispo de Mantua, y en 1892 fue nombrado arzobispo de Venecia. El 4 de agosto de 1903, fue elegido Papa.

Fiel al objetivo de su pontificado, “renovar todas las cosas en Cristo”, promovió música litúrgica, lectura diaria de la biblia, institutos bíblicos, reorganización de los oficios eclesiásticos; la codificación de derecho canónico y el valor de la liturgia como la oración de la Iglesia.

El Papa Pío X murió de bronquitis el 20 de agosto de 1914. Fue canonizado el 29 de mayo de 1954.

En el Evangelio de hoy, los fariseos le hicieron a Cristo una pregunta muy importante: “¿Cuál es el mandamiento más grande de la ley?”

En respuesta a esta pregunta, Jesús presenta dos dimensiones de amor. Primero, la dimensión vertical del amor: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” Es importante notar que amar a Dios con el cuerpo y el alma de uno requiere mucho sacrificio y humildad.

La segunda dimensión del amor es la horizontal: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Esto es más difícil que el primero. Esto es porque, la negamos y la damos por sentado. Esto es porque pensamos que podemos amar solo a Dios, sin amar a nuestro prójimo.

Por lo tanto, Cristo nos recuerda que: “Si alguien dice, ‘amo a Dios’, y odia a su hermano, es mentiroso; porque quien no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto”’ (1 Jn 4:20).

Así que, la mejor manera de expresar nuestro amor por Dios es a través de nuestro prójimo. Debemos afectar otros positivamente para amar a Dios bien.

Es a través de nuestro prójimo que adoramos y amamos a Dios. Por lo tanto, la caridad debe comenzar en casa, con tu familia, tu prójimo, y todos.

San Agustín nos dice: “Amar, y hacer lo que quieras. Que la raíz del amor esté dentro. De esta raíz, no puede surgir nada, sino lo que es bueno.”

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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