Jueves de la XXI Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Santa Mónica, Ruega por Nosotros

Lecturas: 1ra: 1 Co 1: 1-9; Sal: 144; Ev: Mt 24:42-51

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el jueves de la vigésima primera semana de tiempo ordinario, la Iglesia honra a una madre grande y ejemplar, reconocida por su piedad y valentía, Santa Mónica. Era la madre de San Agustín de Hippo.

Nació en Tagaste, en el norte de África en el año 333, y se casó con Patricio, un oficial romano con un hábito disoluto.

Mónica tenía sus manos llenas, las rodillas siempre en el suelo, y sus ojos siempre fijados en Dios en oraciones constantes, tanto por su difícil esposo como por Agustín, su hijo descarriado.

Ayunó, oró y lloró durante muchos años por la conversión de su hijo. A pesar de esto, no perdió su fe. Imploró al obispo local que le ayudara, quien le aconsejó que sea paciente, porque: “llegará el tiempo de Dios”.

Mónica insistió, y se le dijo: “Vete ahora, te lo ruego; no es posible que el hijo de tantas lágrimas perezca.” Después de muchos años de resistencia, Agustín se convirtió antes de la muerte de Mónica en Roma en 387.

De Mónica aprendemos la virtud de la paciencia, la perseverancia, la fe y la resistencia en la oración. Es el modelo para todas las madres y familias que luchan por criar a sus hijos, especialmente a los difíciles, de una manera cristiana.

En el evangelio de hoy, Cristo nos dio un consejo importante: “Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor.” Muchos cristianos han interpretado esto de diferentes maneras.

Para algunos, significa que el fin del mundo está cerca. Al interpretar erróneamente esto como el fin del mundo, algunos han terminado con sus vidas y las de otros a causa de esto.

De hecho, es un llamado a estar vigilante, alerta y activo. Como cristianos, también es un llamado a persistir en la oración, y estar dispuestos a dar cuenta de nuestra vida.

Nos recuerda algo que es inevitable. Sin embargo, no sabemos exactamente cuándo sucederá.

Sin embargo, lo importante no es conocer la hora del fin de este mundo, sino seguir trabajando y perseverando como buenos y fieles siervos hasta que el Señor decida qué hacer con su mundo.

¡Santa Mónica, Ruega por Nosotros!

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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