Viernes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Sant Agustín, Ruega por Nosotros

Lecturas: 1ra: 1 Cor 1:17-25; Sal: 32; Ev: Mt 25:1-13

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, viernes de la vigésima primera semana de tiempo ordinario, la Iglesia honra a san Agustín, obispo y doctor.

Nació en el norte de África en 354. Como joven, eligió vivir un estilo de vida descarriado y creencias falsas. A través de las constantes oraciones de Mónica su madre, y la predicación de San Ambrosio, fue convertido.

Más tarde, se convirtió en sacerdote, obispo y fundador de una orden religiosa. Hoy, es uno de los santos más grandes que ha vivido.

Era un teólogo famoso. Dos de sus libros más populares incluyen: “La Ciudad de Dios” y “Las Confesiones de San Agustín”.

En su “Confesiones”, escribió sobriamente: “Te he amado tarde, oh Señor…Me tocaste, y me quemé por tu paz. Tú nos creaste para ti. Nuestros corazones están inquietos, hasta que descansen en ti.”

La vida, y la historia de San Agustín nos enseña que hay una oportunidad para que todos cambian y mejoran. Por lo tanto, no debemos dejar de orar por la conversión de los pecadores, como hizo Mónica por su hijo. Agustín es el producto del vientre de Mónica, así como, el producto de sus oraciones.

En el evangelio de hoy, Cristo usó la parábola de las diez vírgenes para enseñarnos cómo debemos estar preparados y vigilantes todo momento. Lo que separa a los dos grupos es la misma línea que separa la sabiduría y la tontería.

No hay duda de que el Evangelio de hoy provoca una pregunta muy importante sobre la caridad cristiana: ¿Por qué las vírgenes sabias no eran caritativas a otras que necesitaban aceite para sus lámparas?

Por supuesto, eso habría sido lo más estúpido cosa que hacer en ese momento. Esto es porque, durante la fiesta, todo el aceite acabará y todos quedarán en la oscuridad.

Segundo, las vírgenes insensatas tenían todo el tiempo para prepararse, pero optaron por no aprovechar el momento de la gracia. Es el deber del siervo prepararse y esperar pacientemente a que su amo regrese.

Así que, en lugar de un tiempo de cansancio, el tiempo de espera debe ser un momento de gracia para que nos preparemos bien. Así que, no debemos convertirnos en víctimas de la ultima hora.

¡Santa Mónica, Ruega por Nosotros!

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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