Jueves de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Bendigan a quienes los maldicen

Lecturas: 1ra: 1 Co :1-7.11-13; Sal: 139; Ev: Lc: 6:26-38

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el jueves de la vigésimo tercera semana del tiempo ordinario, Cristo continúa su sermón en el monte sobre cómo ser verdaderos cristianos, y un contraste a nuestro mundo lleno de odio y malicia.

Hoy, Cristo reinterpreta la ley del amor y del perdón: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen.”

Para ser honesto, esto no es fácil. Por supuesto, es fácil de aceptar, pero prácticamente hablando, puede ser una tarea muy difícil.

Estas palabras de Jesús pueden hacernos sentir que nunca estamos a la medida. Perdonar a un enemigo es una de las cosas más difíciles de hacer en la vida.

La amargura es comprensible cuando hemos sido mal e injustamente tratados. Sin embargo, la verdad es que, cuanto más podemos perdonar, más libres seremos.

Además, orar por alguien que nos ha herido u ofendido no es una tarea fácil que uno puede realizar por sí mismo. Esto es cuando la gracia de Dios es importante.

Si logramos hacer esto, no sólo lograremos liberarnos a nosotros mismos, sino al que nos lastimó.

El ejemplo del amor y perdón de Jesús en la cruz puede ayudarnos a dar pequeños pasos en el camino del perdón en nuestras vidas.

Puede ayudarnos a sanar las heridas que otros nos han causado. Puede ayudar a transformar a aquellos que constantemente nos ofenden, y nos lastiman. También, puede hacer nuestro mundo un lugar mejor.

A veces la comprensión de que Dios ama a cada uno de nosotros puede ayudarnos a mirar a otros con amor, tolerancia, compasión y misericordia.

Por lo tanto, pidamos a Dios que siempre nos dé la misma gracia que dio a Cristo en la cruz, para que podamos encontrar la fuerza para amar y decir: “Padre, perdónalos porque no saben lo que están haciendo.”

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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