Miércoles, XXIV Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Santos Cornelio y Cipriano, Ruegan por Nosotros

Lecturas: 1ra: 1 Cor 12:31–13:13; Sal: 32; Ev: Lc 7:31-35

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el miercoles de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario, la Iglesia honra santos Cornelio, Papa, y Cipriano, obispo, mártires.

Cornelio era el amigo de Cipriano. Se ayudaron y se animaron mutuamente durante sus luchas y persecuciones.

Cornelio (251-253) fue un romano y sucesor del Papa Fabián. Durante su reinado, surgió una controversia. Se trataba de la manera de restablecer a los que habían caído de la fe bajo la fuerza de la persecución.

Debido a su predicación exitosa, los paganos lo desterraron a Centumcellae. Fue decapitado en el exilio en Civitavecchia, Italia, en 253.

Cipriano era un retórico pagano en Cartago. Se convirtió en cristiano en 246 y fue consagrado sacerdote y obispo en 248.

Defendió la unidad de la Iglesia contra los movimientos cismáticos. Durante la persecución Valeriana en 258, fue decapitado. Sufrió el martirio en presencia de su rebaño.

En el evangelio de hoy, usando una parábola, Jesús denunció la confusión y la incredulidad de su pueblo. Son como niños que no saben lo que quieren.

Un punto importante está claro. La actitud de la generación que Cristo reprendió no es diferente de la actitud de nuestra generación. Esta es la actitud de indiferencia hacia la palabra de Dios y la pérdida del sentido de lo sagrado.

Hoy en día, no es raro ver que las personas, incluso en la Iglesia, son tan indiferentes al mensaje que escuchan. ¿Es que la palabra de Dios no es proclamada? ¡No! En cambio, la mayoría de las personas están demasiado distraídas como niños que apenas prestan atención a la palabra de Dios.

Como Cristo dijo en el evangelio de hoy, lo mejor que pueden hacer es quejarse y encontrar defectos con la palabra Dios, el predicador y la Iglesia.

Esta falta de seriedad y coherencia es muy clara en la vida y actitud de la mayoría de los cristianos de hoy. Además, la mala voluntad de nuestra generación es tan evidente que no necesita pruebas.

Por lo tanto, pidamos a Dios que nos ayude a crecer en madurez, y que nuestra generación preste más atención a su palabra y mensajeros.

Santos Cornelio y Cipriano, Ruegan por Nosotros

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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