Jueves, XXIV Semana del Tiempo Ordinario, Año A

“Tu Fe Te ha Salvado; Vete en Paz

Lecturas: 1ra: 1 Cor 15:1-11; Sal: 118; Ev: Lc 7:36-50

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com

Hoy es el jueves de la vigésimo cuarta semana del tiempo ordinario. En el evangelio de hoy, Lucas presenta el encuentro entre Cristo con “una mujer pecadora” en la casa de Simón.

Al final del encuentro Cristo le dijo a la mujer: “Tus pecados son perdonados”. Esta mujer recibió su perdón a través de su acción que comunicaba volúmenes a Jesús.

Ella demostró su necesidad urgente y la pidió con mucha humildad. También reclamó su perdón con su fe al recoger su tarro y macharse.

Así, Cristo demostró que lo que importa no es la gravedad de nuestros pecados, sino, nuestra voluntad de pedir perdón y de cambiar nuestro camino y nuestra vida.

Este encuentro nos recuerda que la justicia y la misericordia de Dios no pueden ser influenciadas ni por nuestros acusadores, ni por nuestra vida pasada. Lo que le importa es nuestro futuro y nuestra voluntad de cambiar y ser fieles.

Otra lección muy importante que debemos aprender hoy es que, aunque Dios está listo para perdonarnos, debemos estar listos para pedirlo. Deberíamos estar listos para decir, por favor perdóname, ten piedad de mí, o lo siento.

No debemos presumir perdón. Así como el pecado es un acto, el perdón también es un acto que contrarresta su efecto. Cuando se nos concede el perdón, debemos aceptarlo con fe y seguir adelante con nuestra vida.

Por otro lado, debemos estar dispuestos a concederlo a aquellos que lo necesitan de nosotros. Esto es lo que significa ser la imagen y semejanza de Dios. Significa, la disposición de actuar como Dios en su misericordia, amor y perdón.

Cuando Jesús dice “tus pecados son perdonados”, se refiere a todo, y debemos aceptarlo con fe porque: “No es el hombre para que mienta” (Nu 23:19). Todo lo que quiere que hagamos es vivir una vida mejor, y resolver no pecar de nuevo.

Finalmente, el salmista nos dice: “Feliz el hombre cuyas ofensas son perdonadas (Sal 31:2). Cuando hemos sido perdonados, debemos exclamar: “Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. (Sal 118:2).

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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