Lunes, XXV Semana del Tiempo Ordinario, Año A

San Mateo, Ruega por Nosotros

Lecturas: 1ra: Ef 4:1-7. 11-13; Sal:18; Ev: Mt 9:9-13

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el lunes de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario, la Iglesia honra a San Mateo, Apóstol y Evangelista. La mención de Mathew nos recuerda inmediatamente el primer Evangelio del Nuevo Testamento.

Su evangelio fue escrito en Arameo, el lenguaje que Cristo habló. Mateo escribió para convencer a los judíos que Jesús es su Mesías anticipado.

Según la tradición, predicó en Egipto y Etiopía. Algunas leyendas dicen que vivió hasta noventa años antes de su muerte.

El Evangelio de hoy presenta el relato del llamado y la conversión de Mateo. Tiene paralelos a Lucas 5:27-32 y Marcos 2:13-17. Esos otros evangelios lo identificaron como “Levi el recaudador de impuestos y pecador”.

La llamada de Mateo fue dramática. Presenta una imagen de una conversión sincera y cómo de repente la vida de uno puede transformarse del mal al bien a través de un simple encuentro con Dios.

“Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. Él se levantó y lo siguió.”’

Esto suena muy simple. Sin embargo, el evangelista sólo quiere que sepamos que Mateo no se resistió a su llamada. En cambio, aprovechó la oportunidad que Cristo le presentó para transformar su vida y personalidad.

Otra lección para nosotros en el evangelio de hoy es que Cristo no se avergonzó de ir a la casa de Mathew a comer con él. Por supuesto, esto atrajo comentarios y decepciones de sus críticos.

Cristo sabía las consecuencias de ir allí. Sin embargo, tenía una misión: “Salvar almas y pecadores perdidos”. Por lo tanto, no tenía la intención de escandalizar a nadie. En cambio, su acción estaba en línea con su misión.

Por lo tanto, el evangelio de hoy nos recuerda cuán inclusivo y compasivo es Jesús en su ministerio. También nos enseña a tener cuidado de prejuicios contra las personas. No importa lo malo que esté alguien, Dios todavía puede cambiarlo.

Sólo un encuentro excelente y simple con Dios es lo que se necesita, y un pecador se convertirá en un santo futuro. Esto es porque Dios nunca se rinde en ninguna de sus criaturas. Por lo tanto, no debemos rendirnos en nadie.

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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