Martes, XXV Semana del Tiempo Ordinario, Año A

La Familia de Cristo a través de la Voluntad de Dios

Lecturas: 1ra: Pr 21:1-6.10-13; Sal:119; Ev: Lk 8:19-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el martes de la vigésima quinta semana de tiempo ordinario. El evangelio de hoy tiene un paralelo en Mt12:47-48. Cristo nos recuerda que el requisito fundamental para formar parte de su familia es hacer la voluntad de su Padre.

Cuando le dijeron a Cristo que su Madre y parientes le buscaban, el respondió: “Todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.”

Para algunos, la respuesta de Cristo podría ser fácilmente malinterpretada. Alguien podría decir que Cristo faltó respeto o deshonró a su familia.

Para otros, esto apoya su afirmación, y constituye la base para negar el importante papel que María desempeñó en la historia de nuestra salvación.

Sin embargo, lo que Cristo simplemente hizo fue extender su familia. A través de esto, creó una comunidad más grande. Así que, él quiere decir que, hacer la voluntad de Dios es un requisito fundamental para ser parte de su gran familia.

También, a través de esto, Cristo nos recuerda la naturaleza de su familia. Primero, es biológica. Es decir, él es el verdaderamente Hijo de María, y tiene parientes. Segundo, su otra familia está compuesta por aquellos que hacen la voluntad de Dios.

María y sus parientes pertenecen a ambas familias. Basta señalar que María fue la primera en hacer la voluntad de Dios cuando dijo preeminentemente: “Yo soy la esclava del Señor, hágase conmigo según tu voluntad” (Lc1:38).

Por esta razón, ella es la primera discípula de Jesús y el modelo para todos los cristianos, de cómo aceptar, y hacer la voluntad de Dios.

Lo que nos hace miembros de la familia de Dios es nuestra capacidad para hacer su voluntad, y no sólo nuestra membresía nominal de una Congregación en particular.

Cristo sigue invitándonos día tras día, a compartir esta verdadera intimidad que nos une con él, y con los demás en una gran familia de Dios.

Así que, oremos para que el Espíritu Santo nos ayude a hacer la voluntad de Dios, para que podamos seguir disfrutando de la membresía de esta gran familia, donde Cristo mismo reina como cabeza.

¡Maranatha!

La paz sea con ustedes.

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