Jueves, XXV Semana del Tiempo Ordinario, Año A

¿Quién es el que hace estas cosas?

Lecturas: 1ra: Ecc 1:2-11; Sal:89; Ev: Lc 9:7-9

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el jueves de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario, Lucas nos presenta la reacción del rey Herodes sobre las obras maravillosas de Cristo.

Lucas nos dice que Herodes estaba “muy perplejo porque algunos decían: ‘Juan ha sido resucitado de entre los muertos”’.

Una vez, me encontré con un hombre que, hasta el día en que confesó el grave mal que cometió contra su mejor amigo y murió, continuó gritando: Ha venido, está aquí, míralo, por favor pídalo que me perdone”.

Después de haber decapitado a Juan Bautista, el rey Herodes pensó que había resuelto con éxito todos sus problemas. Sentía que era libre de continuar su dominio de la corrupción sin que nadie lo desafiara.

Sin embargo, se equivocó. Dios continuará levantando profetas para sí mismo. Profetas que continuarán la misión de predicar la buena nueva y desafiar el mal dondequiera que se manifiesten.

La razón del miedo y la confusión de Herodes podría expresarse mejor con el simple dicho de que: “El mal que hacen los hombres vive después de ellos”. En su caso, el mal que hizo vivió con él, y lo acusó continuamente.

Tenía miedo de sus sombras. Esta es la consecuencia, y el precio que uno paga por un crimen contra la humanidad como el que el mismo Herodes cometió contra los niños inocentes (Mt 2:16-18), y Juan Bautista (Mt 14:1-2). Deja su hedor poderoso y se niega a desaparecer.

Herodes quería ver a Jesús, no porque quisiera aprovechar la oportunidad que tenía ante sí de tener un encuentro divino y transformador con él, sino para estar seguro de que no era Juan Bautista quien conocía sus secretos.

El evangelio de hoy debe provocarnos para evaluar y preguntarnos: ¿Qué es lo que cada vez que recuerdo de mi vida, empiezo a temblar?

Nadie puede mantener la verdad a raya. Cuando la conciencia trae a la mente las malas conductas pasadas, puede no sea para atormentarnos, sino para que Dios me lleve a la verdad y a la luz.

Así que, el evangelio de hoy debe generar un deseo genuino en nosotros de ver a Jesús para lograr paz con nosotros mismos y con nuestro mundo.

Cristo sigue moviéndose haciendo el bien en toda la creación de Dios. Por lo tanto, cualquier encuentro positivo que tengamos con la humanidad ayuda a sanar nuestra alma atribulada.

¡Maranatha!

La paz sea con ustedes.

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