Jueves, XXVI Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Santa Teresa del Niño Jesús, Ruega por Nosotros

Lecturas: 1ra: Job 19:21-27; Sal:27; Ev: Lc 10:1-12

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el jueves de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario, la iglesia honra una gran santa, Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.

Teresa, conocida popularmente como “la Pequeña Flor” nació en Francia el 2 de enero de 1873. Fue criada en un modelo hogar cristiano. A la edad de quince años obtuvo permiso para entrar en el Carmelo de Lisieux.

Vivió una vida religiosa muy ordinaria y sencilla. Por lo tanto, alcanzó un alto grado de santidad por llevar a cabo sus deberes diarios con perfecta fidelidad. Teresa tenía una confianza de niño en la providencia y el amor misericordioso de Dios y siempre estuvo al servicio de los demás en todo momento.

Además, Teresa tenía un gran amor por la Iglesia y celo por la conversión de las almas y oraba mucho. Especialmente por los sacerdotes. Murió de tuberculosis el 30 de septiembre de 1897, a la edad de 24 años, y fue canonizada en 1925.

Santa Teresa del Niño Jesús es un buen ejemplo y modelo para todos nosotros de cómo servir a Dios y a la humanidad y llegar a ser santos haciendo cosas sencillas y ordinarias en nuestra vida cotidiana.

En el Evangelio de hoy Cristo nos equipa con el mensaje que debemos llevar a nuestro mundo: “Que la paz reine en esta casa.” Es un regalo que debemos ofrecer a nuestro mundo. Jesús sabe muy bien que es la que nuestro mundo necesita más.

Cristo está siempre dispuesto a darnos la paz. Con la paz que Cristo nos ofrece, podemos transformar nuestro mundo de la cultura de guerra, del odio y de indiferencia, a una cultura de paz.

Él nos invita a ser instrumentos de su paz y armonía. Paz es preciosa y dorado. Como alegría, paz es contagiosa. Si la tenemos, podemos afectar a los demás positivamente.

Por lo tanto, como San Francisco de Asís, oremos al Señor: “Hazme un instrumento de tu paz, donde haya odio, lleve yo tu amor; donde haya injuria, tu perdón; donde haya duda, fe en ti; donde haya desesperación, la esperanza; donde haya tinieblas, la luz; y donde haya tristeza, la alegría.”

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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