Homilia del Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

Logrando la Expectativa de Dios

Lecturas: 1ra: Is 5:1-7; Sal: 79:9. 12-16; 2da: Fil 4, 6-9; Ev: Mt 21: 33-43

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el vigésimo séptimo domingo del tiempo Ordinario. En este domingo, la iglesia nos recuerda las grandes expectativas de Dios para cada uno de nosotros. Esto incluso, como las viñas de tantos viñadores de Dios. Para lograr esta expectativa debemos permanecer enfocados y acercarse a Dios a través oración. Se garantiza nuestra paz y nos ayuda a lograr las grandes expectativas de Dios.

Nuestra primera lectura es una alegoría conocida como “la canción de la viña.” En esta lectura, Dios recuenta su amor y ternura para nosotros. Él nos eligió como manzanas de sus ojos (Zc 2: 8), Se nos creó y nos hizo la vida cómoda. Por eso, el tiene el derecho de tener una gran expectativa de nosotros. Se nos espera a ser buenos y a dar buenos frutos. Por desgracia, siendo seres humanos, siempre lo hemos fallados El esperaba justicia, pero se encontró matanza. Esperaba integridad, pero solo oyó reclamación.

A menudos, nuestras acciones se caen bajo la expectativa de Dios para nosotros. Esto es porque nos hemos mostrado soberbio de corazón en lugar de arrepentirse; incredulidad en lugar de fe; indiferencia en lugar de amor; e impiedad en lugar de santidad. Nuestro mundo de hoy en día está marcado por todo tipo de violencia, victimizaciones, codicia, corrupción etcétera. Dios nos espera a hacer una diferencia como cristianos. Nos espera a dar buenos frutos.

Hoy, Pablo nos exalta a no preocuparnos. Más bien, debemos permanecer cerca de Dios a través de las oraciones. Él permitirá que su paz permanezca con nosotros si permanecemos con él en oraciones. En palabras de orden, por medio de oraciones siempre debemos buscar la paz de Dios. La oración nos asegura de la presencia divina de Dios con nosotros. Calma nuestros miedos, y nos trae paz a través de la comunión con Dios nuestro creador.

Además, llama nuestra atención sobre las materias básicas que debemos ver. Eso es lo que Dios también espera de nosotros: “Todo lo que es verdad, todo lo que es noble, todo lo que es amamos y honorable…” Lo que es honorable es respetable. Lo que es correcto, se conforma a la justicia de Dios. Lo que es puro, está libre de profanación. Lo que es encantador, es agradable. Lo que es bueno es plausible y digno de elogio. Entonces, deberíamos pensar sólo en esas cosas.

por desgracia, hoy ya no preguntamos se: “¿es verdad o noble?” Más bien, lo que nos preocupa es si: ¿funciona? ¿todo mundo le gusta? ¿Me hará sentir bien? Como Pablo nos recuerda hoy, debemos buscar la excelencia a través del Evangelio y de las enseñanzas de la iglesia. Este es el único camino que conduce a la paz de la mente, y por supuesto, a la excelencia.

En el Evangelio de hoy, Jesús también empleó la alegoría de la viña para dirigirse a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Fueron retratados como los malos y malvados que decidieron derrocar al propietario. Por lo tanto, fueron echados hacia fuera porque eran malvados y no satisfacen la expectativa del propietario. En resumen, rechazaron el Evangelio.

Esta lectura, por lo tanto, nos recuerda la generosidad de Dios. También nos recuerda su paciencia y justicia. Lo más importante, nos recuerda la expectativa de Dios de nosotros. “A quien mucho se le da, mucho se espera.” Por lo tanto, debemos estar listos para rendir una buena cuenta al Dios nuestro creador. No debemos decepcionarlo.

Finalmente, Dios nos llamó y nos eligió de su amor por nosotros. Por lo tanto, no debemos rechazarlo ni traicionarle como lo hicieron los primeros sirvientes. En cambio, debemos ser fieles a él dando buenos frutos, y también haciéndole buena cuenta.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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