Lunes, XXVII Semana del Tiempo Ordinario, Año A

¿Quién es mi prójimo?

Lecturas: 1ra: Gal 1:6-12; Sal:111; Ev: Lc10:25-37

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@canicecnjokugmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el lunes de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario, Lucas presenta a Cristo parábola del Buen Samaritano.

En el Evangelio, Jesús dirigió al doctor de la ley a las escrituras. Haciendo esto, Jesús trata de hacerle comprender que Dios se encuentra en su palabra.

Amar a Dios, por lo tanto, es amar su palabra. Jesús reforzó esto por contar la historia del buen samaritano. La Palabra de Dios es personificada en el buen samaritano en el Evangelio de hoy.

La palabra de Dios es Jesús mismo quien nos habla. Primero, como el buen samaritano, Jesús está siempre cerca de nosotros, ayudándonos en nuestra fragilidad y levantándonos de nuestros caídos.

El Evangelio de hoy también nos presenta otro lado de cómo Dios está cerca de nosotros. Es decir, en nuestro prójimo. Como un humilde maestro, Él siempre se hace presente a nosotros en cosas y formas sencillas.

Está cerca de nosotros en las escrituras, en los pobres, en los justos, en los piadosos, en los marginados, en los enfermos y en los débiles. Como el buen samaritano, si buscamos a Dios en estos, lo vamos a encontrar. El buen samaritano vio y encontró a Dios en la víctima de los ladrones y malvados, y se conmovió a ayudarle.

El buen samaritano representa a aquellos que buscan a Cristo en los débiles, heridos y los pobres. Cristo es un buen samaritano por excelencia. Él está disponible para venir a nuestra ayuda cuando estamos débiles, despreciados y abandonados.

Él está siempre listo para ayudarnos a recuperarnos de nuestras heridas, y está cerca para cuidar y sanarnos. Por lo tanto, el salmista pregunta: “¿Qué nación tan grande tiene sus dioses tan cerca de ella como el Señor, nuestro Dios?” (Dt 4:7).

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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