Jueves, XXVII Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Toquen y se les abrirá

Lecturas: 1ra: Gal 3:1-5; Sal: Lc 1:69-70,71-72,73-75; Ev: Lc11:5-13

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el jueves de la vigésima séptima semana de tiempo ordinario, Cristo continúa su discurso sobre la importancia de la oración. Antes, a petición humilde de uno de sus discípulos les enseñó cómo orar.

En el evangelio de hoy, usando una parábola, Cristo enfatizó la necesidad de perseverar en la oración. Dijo: “Pide y recibirás; busca y encontrarás; toquen y se les abrirá “.

A través de esta parábola Cristo nos enseña que la oración es una herramienta necesaria para el éxito, y nos dice que nunca nos demos por el fracaso, sino que nos perseveremos en la oración a Dios en momentos de necesidad y angustia en la vida.

Es lamentable que muchos de nosotros no persistan en la oración, pero queremos que nuestras montañas se muevan. La razón es simple, algunos de nosotros hemos perdido la fe en la oración.

Si debemos lograr algún éxito en nuestra misión, nuestra vida de oración debe ser revivida, y debemos arder con el celo de orar. La oración es un “proyecto” que logra mucho. También es un proyecto espiritual, que requiere paciencia.

Por lo tanto, Pablo nos recuerda que: “No sabemos qué pedir, sino que el Espíritu intercede por nosotros en gemidos que las palabras no pueden expresar” (Rom 8, 26). Por lo tanto, debemos pedir continuamente al Espíritu de Jesús que nos ayude a orar.

La oración rompe barreras y derriba el poder de Dios. Jesús mismo comenzó su ministerio con oración y lo terminó con la oración.

Nuestro Dios nunca duerme. Él sabe cuándo, dónde y cómo respondernos. Por lo tanto, no debemos abandonar el hábito de orar y de interceder unos por otros, porque oración abre el corazón de Dios.

Si perseveramos en la oración, estaremos encantados de testificar: “El día que llamé, Señor, me respondiste” (Salmo 138:3).

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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