Homilia del Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

Bienvenido al Banquete de Dios

Lecturas: 1ra: Is 25:6-10; Sal: 23:1-6 2da: Flp 4:12-14.19-20; Ev: Mt 22:1-4

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“El me trajo a la mesa de su banquete su bandera sobre mi es amor” (Cantico de Salmon 2:4). Hoy, el domingo veintiocho del tiempo ordinario, Dios nos invita a su gran banquete. es una invitacion universal por la gente de todas las naciones. Así que, la buena noticia este domingo es que Dios si mismo es invitando a cada uno de nosotros personalmente a su banquete.

En la primera lectura, Isaías nos trae esta buena noticia de esperanza: “Sobre este monte el señor del universo preparará un banquete con platillos suculentos…arrancará en en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos…destruirá la muerte para siempre…” Mis amigos amados, la mejor respuesta después de leer esta lectura debería ser, un fuerte Amén. Sin embargo, debemos tomar dos cosas en consideración acá.

Primera, hay un lugar para l dicho banquete – “en este monte.” Así, que debemos hacer prisa para estar allí. Esto es porque es una invitacion, hay que hacer esfuerzo si debemos disfrutar “el banquete y tener nuestra lagrima enjugada. La segunda y más importante consideración es que, es una invitacion universal. Por tanto, en lugar de decir: “estrictamente por invitacion” se dice: “para todo el pueblo.” En otras palabras, cada uno de nosotros es una persona bien importante al banquete.

Por lo tanto, Dios no invita sin restricciones, pero tenemos que estar en el monte para actualmente participar y disfrutar de su bendiciones y favores. No podemos subir a este monte y permanecen o volver sin un cambio en nuestra vida. Este monte es la divina presencia de Dios, y el lugar y la casa de oración y encuentro. ¿Cunado fue la última vez estabas allí?

En la segunda lectura, Pablo hace dos declaraciones importantes. Primera, “Yo puedo hacer todo por Cristo que me fortalezca.” Estaba contento con su position en Cristo. Así que, nada lo perturba. él nos recuerda que, si nos respondemos plenamente a la invitacion de Dios, El no fortalecerá siempre con sus bendiciones.

Segundo, Pablo oro para nosotros: “Mi Dios, a su vez proveerá a todas sus necesidades, según su inmensa riqueza en Cristo Jesús. Aquí, Pablo estaba apreciando la generosidad de los Filipenses a el y a la misión de Dios. Sin embrago, es importante notar que Dios no cumplirá las necesidades que son dubios o contra su voluntad o naturaleza. O mejor dicho, la necesidad que es egoísmo. Se refiere a las necesidades genuinas que van según la voluntad de Dios.

en el evangelio de hoy, Jesús imploró la parábola de la boda a ensañarnos que Dios invita a todos nosotros a su reino por un banquete. Entonces, el evangelio de hoy va al mismo de la primera lectura. La primera lección que hay que aprender del evangelio de hoy incluso, primera, el hecho que, debido a la búsqueda de satisfacción y comodidad mundana, muchos de nosotros como los primeros grupos invitados han rechazado la invitacion de Dios. No hay tiempo para oración, pero tenemos tiempo para el mundano. Las consecuencias de rechazar la invitacion de Dios son graves y grandes. La buena noticia es que, cuando los elegidos de Dios negaron su invitacion especial, Dios cambio la invitacion a: “Todas las naciones son invitados cordialmente.”

¿Porque alguien se echó afuera? El asunto del vestimento de la boda es importante y instructivo. El hombre no quería vestirse con el vestimento proporcionado por el banquete. Esto fue un insulto al rey. Como el rey proporciono los vestimentos para sus huéspedes, así también que Dios proveerá fe y salvación por los seres humanos. Los ha hecho disponible liberalmente a nosotros por Cristo Jesús.

Por tanto, el rechazo de vestirse propiamente, definitivamente resultara a ser echado afuera, o aun no ser permitido a entrar en el banquete. Esto es porque, en el monte de Dios, hay orden y obediencia. Así que, proclamémonos: “El Señor es mi Pastor, nada mi faltará…Irán conmigo la dicha y tu favor mientras dure mi vida, mi mansión será la casa del Señor por largos, largos días. Amén.”

La paz se con ustedes

Maranatha

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