Lunes, XXVIII Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Fe en Cristo precede a los Signos o Milagros.

Lecturas: 1ra: Gal 3:1-5; Sal: 113; Ev: Lc11:29-32

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el lunes de la vigésima octava semanas del tiempo ordinario, Cristo condena la incredulidad de su pueblo.

A pesar de todo que Cristo predicó y realizó entre su pueblo, se negaron a creer en él como el Mesías. Conociendo su corazón, les reprendió así: “Esta generación es una generación malvada; busca una señal, pero no se le dará ninguna señal”.

Al compararlos con el pueblo de Nínive, Cristo les estaba recordando que serán juzgados porque permanecieron sin arrepentirse. El arrepentimiento y la creencia final del pueblo de Nínive son significativos aquí.

En lugar de buscar señales, el pueblo de Nínive fue lo suficientemente sabio para reconocer la autoridad del profeta Jonás y se arrepintió del pecado.

En efecto, debido a que Cristo es más grande que Jonás, su generación debería haber conocido y hecho mejor que el pueblo de Nínive. En cambio, permanecieron obstinados. Por lo tanto, su castigo sería grande.

De nuevo, Cristo hizo referencia a la Reina del Sur (o Seba), que escuchó de la sabiduría de Salomón y creyó todo lo que escuchó y vino a rendir homenaje al rey con dones.

Ambas personalidades que Cristo citó como ejemplos eran extranjeras. Los usó para demostrar que los extranjeros eran más sabios al ver la verdad que los israelitas, el pueblo elegido de Dios que continuó su rebelión.

Hoy en día, muchos cristianos corren tras las señales, en lugar de creer primero en Cristo. Esto es ignorancia de la forma en que Dios opera. La persona de Cristo es la ‘señal’ más poderosa que Dios dio a la humanidad. Es la plenitud de la revelación del Padre.

Es una falta de sabiduría no saber que la fe en Cristo precede a los signos o milagros. Por lo tanto, Cristo proclamó: “Estas señales seguirán a los creyentes…” (Mc 16,17-18).

En otras palabras, creer en Cristo es el primer y más crucial paso en nuestro camino cristiano. Después, si, y cuando agrada a Dios, puede sellar nuestra fe con milagros.

Así que, oremos para que, creyendo en Cristo, podamos encontrar todo lo que necesitamos para ser plenamente humanos y cumplir nuestro destino con Dios de acuerdo a su voluntad.

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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