Viernes, XXX Semana de Tiempo Ordinario, Año A

¿Está permitido curar en sábado o no?

Lecturas: 1ra: Flp1:1-11; Sal: 111; Ev: Lc 14, 1-6

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el viernes de la trigésima semana del tiempo ordinario, Lucas presenta el diálogo entre Cristo y los fariseos antes de sanar a un enfermo de hidropesía.

Cristo preguntó a los fariseos: “¿Está permitido curar en sábado o no?” Por supuesto, no respondieron a esta pregunta. Sin embargo, en su corazón, sin duda, su respuesta es “no es lícita porque la ley lo prohíbe”.

Según la tradición judía, el trabajo está prohibido en el sábado. Así que los fariseos eran estrictos en su defensa y aplicación de esta ley.

Sí, la ley es todo para los fariseos, y debe ser observada de manera rígida; aun cuando la vida humana está en riesgo, uno no debe ir en contra de la ley.

Una lección importante para nosotros hoy es la diferencia entre la prioridad de Cristo y la de sus críticos. Para Cristo, la prioridad más importante era la restauración y el bienestar de su pueblo y de toda la humanidad.

Mientras que, para los fariseos, era para promulgar y proteger más leyes que sólo hacían la vida y la caridad más difíciles para el pueblo.

Algunos cristianos prefieren ser referidos como “cristianos conservadores”. Sus acciones y palabras muestran que desean ser: “más católicos que el Papa”.

Por supuesto, no hay nada de malo en conservar lo que es bueno. Sin embargo, el problema está en convertirse en un “cristiano legalista”.

Desafortunadamente, el legalismo puede convertirse fácilmente en el archienemigo de la virtud cristiana fundamental de la Caridad. Este fue el problema de los fariseos y los escribas y el problema de algunos de los cristianos de nuestro tiempo.

Cuanto más legalistas y rígidos nos volvemos, más insensibles nos volvemos ante las necesidades inmediatas y la difícil situación de los demás. De esta manera, perdemos la capacidad de empatizar con los demás y, en consecuencia, la verdadera esencia de la vida.

Cristo no estaba en contra de la ley del sábado, pero nos enseña que, a veces, la caridad y la misericordia cristianas pueden prevalecer por un bien mayor sobre una ley particular, especialmente cuando su “violación” no causa daño a nadie.

Por lo tanto, la diferencia entre la prioridad de Cristo y la de sus críticos es la diferencia entre un cristiano caritativo y un cristiano legalista.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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