Lunes, XXXII Semana del Tiempo Ordinario, Año A

La madre y la amante de todas las iglesias

Lecturas: 1ra: Ez 47, 1-12; Sal: 45; 2da: 1 Cor 3, 11. 16-17; Ev: Jn 2, 13-22

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el lunes de la trigésima semana del tiempo ordinario, la iglesia celebra la fiesta de la Dedicación de la Basílica Letrán, Roma.

Esta Basílica fue construida por Constantino y consagrada por el Papa Silvestre en 324. Esta fiesta se observó por primera vez en Roma, pero más tarde se extendió a la Iglesia latina universal.

Hay dos puntos importantes acerca la celebración de hoy. Primero, el edificio físico, así como nuestros cuerpos, son la morada de Dios. Segundo, tanto el edificio de la iglesia física, como nosotros somos evidencia y la manifestación de la presencia de Dios en la tierra. Por lo tanto, debemos mantenerlos santos y sagrados.

En lugar de la Basílica de San Pedro en Roma, la iglesia del Papa como obispo de la arquidiócesis de Roma es la Basílica de Letrán, que lleva en su fachada: “omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput” (la madre y amante de todas las iglesias de Roma y del mundo).

En nuestra primera lectura, la visión del profeta Ezequiel sobre el templo de Jerusalén se nos presenta de manera más articulada y dramática. Esto nos recuerda la presencia siempre perdurable de Dios dentro de su templo.

Como signo de la presencia de Dios entre su pueblo, el Templo o “Iglesia” es un lugar desde donde fluye hacia nosotros el río de la alegría de Dios. Es decir, para alimentarnos y satisfacernos. Es un lugar de refugio donde encontramos la felicidad eterna.

En el evangelio, la acción de Jesús en el templo nos lleva al clímax y a la importancia de la celebración de hoy. Nos recuerda cómo debemos tratar y reverenciar el templo de Dios.

Por lo tanto, al conmemorar la dedicación de la Basílica de Letrán, aclamemos con alegría al salmista: “El agua del río da alegría a la ciudad de Dios, lugar santo donde habita el Altísimo”.

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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