Homilia del Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

Fidelidad a Cristo Nuestra Cabeza

Lecturas: 1ra: Prov 31:10-13.19-20; Sal: 127:1-5; 2da: 1Thess 5:1-6; Ev: Mt 25:14-30

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

A medida que nos acercamos al final de este año litúrgico la Iglesia nos alienta a permanecer fieles y dedicados a Cristo nuestra cabeza. Como buenos siervos, debemos estar dedicados a él. Además, debemos estar listos para rendir cuentas completas de nuestros talentos a él. 

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Nuestra primera lectura para este domingo es de Proverbios. La virtuosa mujer de Proverbios irradia como una estrella brillante. El término “virtuoso” se refiere simplemente a la fuerza, la eficiencia o la capacidad. Aquí, se refiere a la fuerza espiritual y moral, así como a la firmeza del carácter (Ruth 3:11). Por lo tanto, ella es virtuosa por la fuerza de su carácter y devoción.

La mujer virtuosa está bien, fiel, y sabe que hacer para guardar a su familia juntos. Además, “sostiene su mano al necesitado”. Hoy, la mujer virtuosa es el símbolo de la iglesia de la Madre Santa, que nos prepara suficientemente para encontrar a Cristo nuestra Cabeza. Nos prepara a través de sus enseñanzas constantes y trabajos caritativos. De ahí, esto es piden que nosotros emulemos las calidades de la mujer virtuosa. Debemos ser tan fieles y fieles como es a nuestra llamada y a la misión de Dios.

En la segunda lectura, Pablo nos presenta una descripción de la conducta esperada de un niño de la luz. Nos recuerda lo inevitable: el día del Señor. Según él, una de las características más significativas de este “día” es que sería repentino: “es cuando la gente está diciendo, ‘ cuán silencioso y Pacífico es que lo peor sucede de repente …”

En palabras de orden, Pablo simplemente nos alienta a estar atentos y activos en nuestra preparación para este día del Señor. “Gregoreuo” es una palabra griega que Pablo empleó para expresar la idea de un hombre durmiente que siempre está mentalmente alerta. Este estado de ánimo es opuesto al de una persona que está muerta o inconscientemente dormida. Es la posición que debemos adoptar como cristianos mientras esperamos a Cristo.

El llamado de Pablo, es un llamado a la disposición y a vivir con los valores de la eternidad en mente. Si lo hacemos, sin duda disfrutaremos de una vida mejor que los que se comprometen con el mundo. Por tanto, vivimos como soldados en servicio activo (2 Tito 2.4), y como la mujer virtuosa que trabaja para complacer a su marido y a sus hijos.

En el Evangelio, Jesús usa la parábola del talento para recordarnos igualmente que debemos estar preparados para rendir una buena cuenta de nuestros talentos. Dios nos ha dotado a cada uno de nosotros con diferentes talentos. Cada uno, según nuestras diversas capacidades. Así que, como sirvientes fieles, espera dar una buena cuenta de los “talentos” que hemos recibido.

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Jesús nos desafía a ser prudentes y productivos con nuestros talentos. Lo más importante es que nos amonesta a vivir en previsión de su inevitable regreso. No debemos esperar a que este retorno en la ociosidad. Más bien, debemos ser activos y diligentes con los talentos que hemos recibido. Por lo tanto, debemos usar nuestros talentos para la gloria de Dios.

Como siervos dignos de confianza, debemos evitar la indiferencia, la apatía, el libertinaje, la pereza, la complacencia hacia nuestra misión. Estos no nos van a traer ninguna recompensa de Cristo. Si somos fieles y productivos con los talentos que hemos recibido, Cristo nuestra cabeza nos dirá también: “bien hecho, siervo bueno y fiel”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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