Homilía para el Segundo domingo de Navidad, Año B

Cristo, Sabiduría y Luz de Dios que disipa nuestra oscuridad

Lectura: 1ra: Sirac 24:1-2.8-12; Sal: 147; 2do: Ef 1:3-6.15-18: Ev: Jn 1:1-18

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy es el segundo domingo de la octava de Navidad. En este domingo, seguimos en la alegría del recién nacido rey. Seguimos saludando la Palabra hecha carne, que ahora habita entre nosotros. Seguimos alegres porque, Cristo disipa nuestra tiniebla e ilumina nuestra vida.

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Hay una gran relación entre la sabiduría y la luz. De hecho, son sinónimos entre sí. Por el contrario, la luz o la sabiduría y la oscuridad son términos opuestos. Luz es siempre en contra la tiniebla y la disipa.

El Libro de Sabiduría dice que Dios, “ha hecho todas las cosas por su palabra.” Que su palabra es eterna, creativa, potente, y la luz (Sb 9:1). En el libro de Proverbios también dice: “El Señor de la sabiduría fundó la tierra” (Pr 3:19). “La Luz”, “Palabra” y “Sabiduría” son vistas como una y la misma cosa. Esto es lo que se va a realizar: “Mientras que un suave silencio envuelve toda cosa, su todo-poderosa palabra saltó desde el cielo, en medio de la tierra que está condenada…” (Sb 18:14-16).

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Hoy, la sabiduría fue personificada en nuestra primera lectura. Es Jesucristo, la plenitud de la sabiduría de Dios. Un punto importante para tener en cuenta en esta lectura es el hecho de que la sabiduría proviene de Dios. “Desde la eternidad, en el principio, me creó.” En otras palabras, Él fue parte integrante de la naturaleza de Dios. La buena noticia de esta temporada es que después de tantos años, ahora esa palabra está con nosotros como humano y nuestra luz.

En la segunda lectura de hoy, san Pablo sigue agradeciendo a Dios, “que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en Cristo.” Esta bendición espiritual es la misma persona de Jesucristo, la sabiduría de Dios, que está con nosotros para disipar toda la ignorancia y que ilumina nuestra oscuridad. Además, Pablo nos recuerda que somos los elegidos de Dios para ser los hermanos de Cristo

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Hoy, como en el día de Navidad, nuestro evangelio comienza con una descripción del “Logos” de Dios o la Palabra. Juan nos la recuerda de la siguiente manera: “a través de su Palabra hizo el cielo.” Juan describe a Jesús como la creación de Dios, la vida, la luz y la palabra que ha llegado a nosotros en forma humana. Verdaderamente, Jesús es la sabiduría y el poder de Dios que crea y sostiene el mundo. Por lo tanto, para salvarnos, asumió nuestra naturaleza. Jesús se hizo verdaderamente hombre al mismo tiempo verdadero Dios. Lo que era (divino), permaneció, y lo que no era (humano), lo asumió por el bien de nuestra salvación.

Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios. Él es verdaderamente la sabiduría y la luz que disipa las tinieblas de nuestro mundo, y nos da la vida. Sin perder su divinidad se convirtió en un hombre y nuestro hermano. Su aceptación de ser nacido como nosotros, nos da una posición exaltada.

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Por último, para que la luz de su rostro siempre brillar sobre nosotros esta temporada le saludemos con el salmista: “Señor, tú eres mi luz y mi salvación” (Sal 127:1).

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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