Homilía para la Vigilia Pascual, Año B

Qué maravillosa noche: ¡Cristo el Señor ha resucitado, Aleluya!

Lectura: 1ra: Ge 1, 1-31. 2,1-2Sal 115; 2da Ro 6,3-11Ev: Mc 16,1-7

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

La mayoría de las veces asociamos la noche con el mal, pero olvidamos que es parte del designio de Dios. Lo más importante, nos olvidamos de que, “Dios vio que todo lo que él creó era bueno” (Gen 1:31). A pesar de nuestra conclusión, existe una noche, que no podemos negar el hecho de su bondad. Es esta noche de la Pascua. Es única entre todas las demás noches, porque, es una noche de victoria, liberación, libertad, sanación y el clímax de la historia de nuestra salvación.

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La forma más sencilla de capturar y resumir el evento de esta noche es reflexionar profundamente sobre estas palabras de Exultet que hemos oído esta noche. “Esta es la noche cuando la columna de fuego destruyó la oscuridad del pecado. Esta es la noche cuando los cristianos en todas partes se limpian de sus pecados, libres de toda impureza, son restaurados a la gracia y, crecen en santidad. Esta es la noche cuando Jesucristo rompe las cadenas de la muerte y se levanta triunfante de la tumba”

Un par de semanas empezamos lo que parecía un viaje desesperado, interminable y doloroso. Pero, esta noche hemos llegado felizmente al final de ese viaje. Un viaje que comenzó con tristeza ha terminado con alegría. La nube sombría eventualmente ha dado paso al cielo luminoso, y la luz finalmente ha superado la oscuridad. El espesor, y la oscuridad de la noche no podían soportar el resplandor de Cristo resucitado.

Por lo tanto, debemos gritar, Aleluya, Aleluya al Señor porque, nuestro Señor Jesucristo ha cumplido su promesa, ” Levantaré al tercer día”. Así que, la batalla ha terminado, y Jesús es el Señor. Por lo tanto, hermanos, vamos a regocijémonos y gritemos Aleluya, Aleluya porque, completamente el Señor ha ganado la batalla.

Por su resurrección esta noche de Pascua, Jesús hace una declaración muy importante. Esto es el hecho de que, es el Señor de los vivos y los muertos y, que tiene el poder de liberarnos y sanarnos. Hemos muerto con él a través de nuestras celebraciones cuaresmales. Debemos también subir con él a través del poder del Espíritu Santo. Ese mismo poder que lo resucitó es capaz de resucitar a nuestros cuerpos caídos y débiles esta noche (Ro 8:11-12).

Esta noche, completamente ha comenzado una nueva época porque, el Jesús histórico, que sufrió, lloró, fue crucificado, murió y fue sepultado es ahora el Mesías glorificado que vive para no morir más. Por lo tanto, la causa de nuestra alegría esta noche es que todos compartimos esta gloria. Desde esta noche en adelante, nuestro testimonio como sus discípulos debe ser: “¡He visto la gloria de Cristo que resucitó, mi esperanza en Cristo ha resucitado!” También, como los apóstoles, nuestro deber ahora es dar testimonio al Señor resucitado: “Ahora somos sus testigos, hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.”

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A partir hoy, no debemos buscar a Cristo en la tumba porque, ya no está allí. Así que, tenemos que buscarlo entre los vivos. Debemos buscar las cosas de la luz, las cosas nobles y cosas que glorifican a Dios. Debemos buscar cosas celestiales para vivir como candidatos del cielo. Esto es lo que Pablo significa cuando dice: “Desde que se han incorporado a la verdadera vida con Cristo, debemos buscar las cosas que están en el cielo, donde Cristo está.” Por lo tanto, cantemos con el salmista en esta gloriosa noche de Pascua: “Este día fue hecho por el Señor; estamos contentos. ¡Aleluya!

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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