Homilía para la Ascensión del Señor (7mo Domingo), Año B

¡Miren, Nuestro Señor asciende con gritos de júbilo

Lecturas: 1ra: Hecho1, 1-11; Sal 46, 2-9; 2da Ef 4 1-13; Ev: Mc 16, 15-20

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

“Todos los pueblos aplauden sus manos, claman a Dios con gritos de gozo… Dios sube con gritos de gozo y el Señor sube con la trompeta.” En este séptimo Domingo de Pascua, celebramos la solemnidad de la ascensión. Es una solemnidad importante que marca el regreso de Jesús al padre. Junto con la resurrección, es una manifestación de la victoria de Cristo.

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La ascensión es una solemnidad que sustenta la esperanza de los cristianos de que un día estaremos con Cristo. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que: “… Jesucristo la cabeza de la Iglesia nos precede en el glorioso reino de su padre, para que nosotros los miembros de su cuerpo podamos vivir con la esperanza de estar un día con él para siempre ” (665-667).

Nuestra primera lectura de Hechos de los apóstoles relata los acontecimientos de los últimos momentos y el encuentro de Cristo con sus apóstoles antes de su ascenso al cielo. Aquí, Cristo da una instrucción muy importante a sus apóstoles: “No salgan de Jerusalén, pero esperen allí lo que el padre ha prometido”. Cristo alienta a su discípulo a permanecer fiel.

Lo más importante, él les recuerda que su éxito dependerá de su capacidad de caminar con el Espíritu Santo. Estas instrucciones también son para nosotros. Igualmente nos recuerda que antes de empezar cualquier proyecto, debemos encomendarnos a la guía y al consejo del Espíritu Santo.

En la segunda lectura, Pablo ora pidiéndole a Dios que nos envíe el Espíritu Santo: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo les dé el espíritu de sabiduría y percepción de lo que se revela, para que les traiga todo el conocimiento de él.” Esta debe ser nuestra oración y deseo todos los días de nuestra vida. Debemos invitar al Espíritu Santo a tomar control de toda nuestra misión.

Debemos invitarlo a alumbrar los puntos oscuros de nuestras vidas como Pablo oro: “Que el Espiritu Santo ilumine los ojos de sus mentes para que pueda ver la esperanza que su llamado tiene para usted…” Debemos pedirle que dirige nos para que lo sigamos.

En el Evangelio de hoy, Jesús sabía que sus apóstoles necesitaban ayuda para triunfar. Así que les instruyó: “… Permanezcan en la ciudad, hasta que se visten con el poder de lo alto”. Debemos buscar este poder si tenemos que hacer algún impacto positivo en nuestro mundo.

Por lo tanto, debemos prestar atención a lo que Jesús nos está diciendo en el Evangelio de hoy. Como un maestro experimentado, él conoce el terreno que estamos a punto de caminar. Sabe lo delicados que son los corazones de los hombres de nuestra edad. Él sabe lo difícil que es nuestra tarea y lo que se necesita para tener éxito. Él sabe que sólo el Espíritu Santo nos puede ayudar.

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Por lo tanto, la ascensión marca el comienzo del cumplimiento de la promesa de Cristo a nosotros. Así que, mientras que celebramos la solemnidad de la ascensión hoy, Jesús nos recuerda que, independientemente de nuestro conocimiento y capacidad humana, necesitamos una ayuda divina para triunfar. Esta ayuda divina vendrá del Espíritu Santo a quien debemos prestar atención todo el tiempo.

Así que, mientras que celebramos la ascensión de Cristo hoy y esperamos el cumplimiento de su promesa el domingo de Pentecostés, oremos: “Envía tu espíritu, oh Señor, y renueva la faz de la tierra.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranata!

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