Homilía del Domingo de Ramos / Pasión, Año C

Humildad en Sufrimiento y Servicio

Lectura: 1ra: Is 50, 4-7; Sal: 21; 2da: Flp 2, 6-11; Ev: Lc 8, 7. 14-23, 56

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detallesy comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy la Iglesia celebra la entrada de Cristo en Jerusalén, a fin de lograr su misterio pascual. Este domingo se llama domingo de Ramos o Pasión. Mientras que Domingo de Ramos significa realeza y triunfo, Domingo de Pasión significa dolor y amor. Por ir libremente a Jerusalén, Cristo demuestra su humildad y voluntad de salvarnos.

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En este día la comunidad cristiana comienza a revivir una etapa muy importante del misterio pascual de Jesucristo. Revivimos la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, así como su pasión. Por lo tanto, la celebración de hoy nos recuerda el carácter dual de nuestra vida cristiana y nuestro viaje. Estamos celebrando hoy y perseguido mañana. Hoy somos amados, pero al día siguiente somos odiados. Hoy somos elogiados y criticados al día siguiente.

Una lección muy importante que debemos aprender de todo esto es, cómo se desarrolla la vida que nos presenta sus diferentes dimensiones. La misma gente que canta alabanzas en los buenos momentos podría ser la misma gente que nos critique en el futuro. Hoy en día, las mismas personas que aplauden a Cristo cantando: “Hosanna al hijo de David,” podrían ser igualmente las mismas personas que griten: ” ¡Crucifícalo!”

Este es el misterio y la dialéctica de la vida. Se trata de un misterio, porque a veces entenderlo está más allá de nuestra imaginación. Es dialéctico porque estos dos aspectos de la vida nos ayudan a comprender quien somos realmente, y lo que significamos para la gente.

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Un vistazo a las lecturas de hoy refleja la humildad con la que Cristo se acercó a estas situaciones. La primera lectura es tomada de uno de los cánticos “ebed Yahveh” (Siervo de Yahveh). Cristo está prefigurado en este cántico como el siervo sufriente de Yahveh. Cristo humildemente sufrió sin ninguna resistencia.

También, en la carta de san Pablo a los Filipenses, vemos la humildad en su apogeo. Esta es la kénosis o humildad de Cristo: “A pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango, y tomo la condición de esclavo.”

Nuestro evangelio de hoy es sobre la última cena de Cristo con sus discípulos. En la Última Cena, Cristo se humilló a sí mismo, sirviendo a sus discípulos y comiendo en la misma mesa con el que iba a traicionarlo. “…Pero miren: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa.” A pesar de todo esto, enseñó a sus discípulos a ser humildes cuando se humilló a sí mismo ante Pilato y los jefes de los sacerdotes hasta su muerte.

En todas estas, la lección para nosotros hoy es que la humildad es muy importante en todas las circunstancias de la vida. Esto incluye tanto a buenos y malos momentos. Cristo fue fuerte, pero con humildad se debilita por nuestra salvación. Él nos enseñó que el verdadero poder está en el servicio. También nos enseña que la humildad es una de las más importantes virtudes que necesitamos para nuestro servicio y misión.

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Durante su entrada triunfal Cristo montó en un burro que simboliza humildad. En su sufrimiento, Cristo se abandonó a sus enemigos sin resistencia, sin contratacar. Oremos, pues, para que este domingo, el Dios Todopoderoso pueda concedernos la humildad con la cual seguir y servir a Cristo todos los días de nuestra vida.

La paz sea con ustedes

Maranatha!

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