Homily For The Twenty-Eight Sunday Of Ordinary Time, Year A

Welcome to God’s Banquet!

Readings: 1st: Is 25, 6-10; Ps:23:1-6 2nd: Phil 4:12-14.19-20; Gos: Mt 22:1-4

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him atcanice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

“He brought me to his banqueting table, and his banner over me was love” (Song of Solomon 2:4). Today, God invites us to His great banquet on the twenty-eight Sunday of Ordinary Time. It is a universal invitation for people of all nations. Hence, the good news this Sunday is that God is inviting each of us to his banquet!

Available now on

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179451

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YSGTZF

In the first reading, Isaiah brings us this good news of hope: “On this mountain, the Lord of Host will prepare a banquet of rich food…he will remove the mourning veil covering all people…He will destroy death forever.” My dear friends, the best response after this reading should be, Amen! However, we must consider two things here.

First, there is a location for this banquet – “On this Mountain.” So, we must hasten to be there. This is why it is an invitation, and we must make an effort to be there if we must enjoy “the banquet and have our tears wiped away!” The second and crucial consideration is that it is a universal invitation. So, rather than read: “strictly by invitation,” it reads “for all people!” In other words, each of us is a VIP at this banquet.

Hence, God invites us without any restrictions, but we must be on the mountain to partake of his blessings and favors. We can never go to this mountain and remain or return the same way we were. This mountain is God’s divine presence, the place and house of prayer. When was the last time you climbed up there?

In our second reading today, Paul makes two important statements. First, “I can do all things through Christ who strengthens me” He is contented with his place in Christ. So, nothing bothers him. Through this, Paul reminds us that if we respond fully to God’s invitation, He will continuously strengthen us with his blessings.

Second, he prays for us: “My God will fulfill all your needs in Christ Jesus.” Here, Paul appreciated the generosity of the Philippians towards him. Paul wishes them well for their generosity towards him and the mission of God. However, it is important to note that God will not fulfill dubious or selfish needs. Instead, it refers to genuine needs according to the will of God.

In today’s gospel, Jesus, the parable of the wedding feast, teaches us that God invites us all to his kingdom for a banquet. The first is that many of us, like the first invitees, have rejected God’s invitation due to the pursuit of worldly satisfaction and pleasure. The reason is simple. We are too busy to respond to God’s invitation. There is no time for prayer, but we have time for the mundane. The consequences of rejecting God’s invitation are great. The good news is that when God’s chosen people rejected His special invitation, He changed the Invitation Card to: “Everyone (nation) is cordially invited!”

Why was someone thrown out? The matter of the wedding garment is instructive. The man refused to wear the garment provided for the banquet. This was an insult to the king. Just as the king provided wedding garments for his guests, God provided faith and salvation for humanity. He has made these freely available to us through Christ.

So, refusal to be appropriately vested will result in being thrown out or allowed to the banquet. This is because, on God’s mountain, there is order and obedience. So, let us proclaim: “The Lord is my shepherd, there is nothing I shall want…surely goodness and mercy shall follow me all the days of my life, and I shall dwell in the Lord’s House forever and ever.  Amen!”

Peace be with you all!

Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=H88jnoBbPmY

Homilia del Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

Bienvenido al Banquete de Dios

Lecturas: 1ra: Is 25:6-10; Sal: 23:1-6 2da: Flp 4:12-14.19-20; Ev: Mt 22:1-4

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

“El me trajo a la mesa de su banquete su bandera sobre mi es amor” (Cantico de Salmon 2:4). Hoy, el domingo veintiocho del tiempo ordinario, Dios nos invita a su gran banquete. es una invitación universal por la gente de todas las naciones. Así que, la buena noticia este domingo es que Dios si mismo es invitando a cada uno de nosotros personalmente a su banquete.

Disponible Ahora al:

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179509

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YTH1YX?

En la primera lectura, Isaías nos trae esta buena noticia de esperanza: “Sobre este monte el señor del universo preparará un banquete con platillos suculentos…arrancará en en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos…destruirá la muerte para siempre…” Mis amigos amados, la mejor respuesta después de leer esta lectura debería ser, un fuerte Amén. Sin embargo, debemos tomar dos cosas en consideración acá.

Primera, hay un lugar para l dicho banquete – “en este monte.” Así, que debemos hacer prisa para estar allí. Esto es porque es una invitación, hay que hacer esfuerzo si debemos disfrutar “el banquete y tener nuestra lagrima enjugada. La segunda y más importante consideración es que, es una invitación universal. Por tanto, en lugar de decir: “estrictamente por invitación” se dice: “para todo el pueblo.” En otras palabras, cada uno de nosotros es una persona bien importante al banquete.

Por lo tanto, Dios no invita sin restricciones, pero tenemos que estar en el monte para actualmente participar y disfrutar de su bendiciones y favores. No podemos subir a este monte y permanecen o volver sin un cambio en nuestra vida. Este monte es la divina presencia de Dios, y el lugar y la casa de oración y encuentro. ¿Cunado fue la última vez estabas allí?

En la segunda lectura, Pablo hace dos declaraciones importantes. Primera, “Yo puedo hacer todo por Cristo que me fortalezca.” Estaba contento con su position en Cristo. Así que, nada lo perturba. él nos recuerda que, si nos respondemos plenamente a la invitación de Dios, El no fortalecerá siempre con sus bendiciones.

Segundo, Pablo oro para nosotros: “Mi Dios, a su vez proveerá a todas sus necesidades, según su inmensa riqueza en Cristo Jesús. Aquí, Pablo estaba apreciando la generosidad de los Filipenses a el y a la misión de Dios. Sin embrago, es importante notar que Dios no cumplirá las necesidades que son dubios o contra su voluntad o naturaleza. O mejor dicho, la necesidad que es egoísmo. Se refiere a las necesidades genuinas que van según la voluntad de Dios.

en el evangelio de hoy, Jesús imploró la parábola de la boda a ensañarnos que Dios invita a todos nosotros a su reino por un banquete. Entonces, el evangelio de hoy va al mismo de la primera lectura. La primera lección que hay que aprender del evangelio de hoy incluso, primera, el hecho que, debido a la búsqueda de satisfacción y comodidad mundana, muchos de nosotros como los primeros grupos invitados han rechazado la invitación de Dios.

No hay tiempo para oración, pero tenemos tiempo para el mundano. Las consecuencias de rechazar la invitación de Dios son graves y grandes. La buena noticia es que, cuando los elegidos de Dios negaron su invitación especial, Dios cambio la invitación a: “Todas las naciones son invitados cordialmente.”

¿Porque alguien se echó afuera? El asunto del vestimento de la boda es importante y instructivo. El hombre no quería vestirse con el vestimento proporcionado por el banquete. Esto fue un insulto al rey. Como el rey proporciono los vestimentos para sus huéspedes, así también que Dios proveerá fe y salvación por los seres humanos. Los ha hecho disponible liberalmente a nosotros por Cristo Jesús.

Por tanto, el rechazo de vestirse propiamente, definitivamente resultara a ser echado afuera, o aun no ser permitido a entrar en el banquete. Esto es porque, en el monte de Dios, hay orden y obediencia. Así que, proclamémonos: “El Señor es mi Pastor, nada mi faltará…Irán conmigo la dicha y tu favor mientras dure mi vida, mi mansión será la casa del Señor por largos, largos días. Amén.”

La paz se con ustedes

Maranatha

https://www.youtube.com/watch?v=OGOX6elzL2k

Homily For The Twenty Seventh Sunday of Ordinary Time, Year A

Meeting God’s Expectations

Readings: 1st: Is 5:1-7; Ps: 79; 2nd: Phil 4, 6-9; Gos: Mt 21, 33-43

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today is the seventh Sunday of ordinary time; the church reminds us of God’s Great expectations for each of us. This includes both His vineyard and caretakers of His vineyard. To meet this expectation, we must remain focused and close to God through prayers. It guarantees our peace and helps us to fulfill God’s expectations.

Available now on

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179451

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YSGTZF

Our first reading is an allegory called “The Song of the Vineyard.” In this reading, God recounts his love and care for us. He chose us as the apple of his eyes (Zach 2, 8). God created us well and made us comfortable. So, he rightly expects us to be fair and to bear good fruits. Unfortunately, being humans, we have consistently failed him. “He expected justice, but He found bloodshed. He expected integrity, but He only heard a cry of distress.”

Often, our actions fall short of God’s expectations. This is because we have been stubborn instead of repenting. We have displayed unbelief instead of faith, indifference instead of love, and unworthiness instead of holiness. Our world today is marked by violence, victimization, greed, corruption, etcetera. God expects us to make a difference as Christians. He expects us to bear good fruits.

Today, Paul exalts us not to be worried. Instead, we should remain close to God through prayers. He will allow his peace to abide with us if we pray with him. In order words, through prayers, we must always seek the peace of God. Prayer reassures us of God’s divine presence with us. It calms our fears and brings us peace through communion or fellowship with God, our creator.

Furthermore, he draws our attention to the basic stuff we must see. God also expects from us: “Everything that is true, everything that is noble, everything that we love and honor.” Whatever is honorable is respectable. Whatever is right conforms to God’s righteousness. Whatever is pure is free from defilement. Whatever is lovely is pleasing. Whatever is reasonable is laudable and commendable. So, we should think only about such things.

Unfortunately, today we no longer ask: “is it true or noble?” Instead, what we ask is: Does it work? Does everyone like it?  Will it make me feel good? As Paul reminds us today, we must seek excellence through the gospel and the church’s teachings. This is the only path that leads to peace of mind, and of course, to greatness.

In today’s gospel, Jesus also employed the allegory of the vineyard to address the chief priests and the elders. Christ portrays them as wicked tenants who decided to overthrow the landlord. Hence, they kicked them out because they were evil and did not meet the landlord’s expectations. In short, they rejected the Gospel.

Therefore, this reading reminds us of God’s generosity and trust. It equally reminds us of His patience and justice. Most importantly, it reminds us of God’s expectations of us. “To whom much is given, much is expected.” So, we must be ready to render an excellent account to God, our creator. We must not disappoint him.

Finally, God called and chose us out of His love for us. So, we must not reject or betray him as the first servants did. Instead, we must be faithful to Him by bearing good fruits and rendering an excellent account to Him.

Peace be with you all!

Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=H88jnoBbPmY

Homilia del Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

Logrando la Expectativa de Dios

Lecturas: 1ra: Is 5:1-7; Sal: 79:9. 12-16; 2da: Fil 4, 6-9; Ev: Mt 21: 33-43

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy es el vigésimo séptimo domingo del tiempo Ordinario. En este domingo, la iglesia nos recuerda las grandes expectativas de Dios para cada uno de nosotros. Esto incluso, como las viñas de tantos viñadores de Dios. Para lograr esta expectativa debemos permanecer enfocados y acercarse a Dios a través oración. Se garantiza nuestra paz y nos ayuda a lograr las grandes expectativas de Dios.

Disponible Ahora al:

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179509

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YTH1YX?

Nuestra primera lectura es una alegoría conocida como “la canción de la viña.” En esta lectura, Dios recuenta su amor y ternura para nosotros. Él nos eligió como manzanas de sus ojos (Zac 2: 8), Se nos creó y nos hizo la vida cómoda. Por eso, el tiene el derecho de tener una gran expectativa de nosotros. Se nos espera a ser buenos y a dar buenos frutos. Por desgracia, siendo seres humanos, siempre lo hemos fallados El esperaba justicia, pero se encontró matanza. Esperaba integridad, pero solo oyó reclamación.

A menudos, nuestras acciones se caen bajo la expectativa de Dios para nosotros. Esto es porque nos hemos mostrado soberbio de corazón en lugar de arrepentirse; incredulidad en lugar de fe; indiferencia en lugar de amor; e impiedad en lugar de santidad. Nuestro mundo de hoy en día está marcado por todo tipo de violencia, victimizaciones, codicia, corrupción etcétera. Dios nos espera a hacer una diferencia como cristianos. Nos espera a dar buenos frutos.

Hoy, Pablo nos exalta a no preocuparnos. Más bien, debemos permanecer cerca de Dios a través de las oraciones. Él permitirá que su paz permanezca con nosotros si permanecemos con él en oraciones. En palabras de orden, por medio de oraciones siempre debemos buscar la paz de Dios. La oración nos asegura de la presencia divina de Dios con nosotros. Calma nuestros miedos, y nos trae paz a través de la comunión con Dios nuestro creador.

Además, llama nuestra atención sobre las materias básicas que debemos ver. Eso es lo que Dios también espera de nosotros: “Todo lo que es verdad, todo lo que es noble, todo lo que es amamos y honorable…” Lo que es honorable es respetable. Lo que es correcto, se conforma a la justicia de Dios. Lo que es puro, está libre de profanación. Lo que es encantador, es agradable. Lo que es bueno es plausible y digno de elogio. Entonces, deberíamos pensar sólo en esas cosas.

por desgracia, hoy ya no preguntamos se: “¿es verdad o noble?” Más bien, lo que nos preocupa es si: ¿funciona? ¿todo mundo le gusta? ¿Me hará sentir bien? Como Pablo nos recuerda hoy, debemos buscar la excelencia a través del Evangelio y de las enseñanzas de la iglesia. Este es el único camino que conduce a la paz de la mente, y por supuesto, a la excelencia.

En el Evangelio de hoy, Jesús también empleó la alegoría de la viña para dirigirse a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Fueron retratados como los malos y malvados que decidieron derrocar al propietario. Por lo tanto, fueron echados hacia fuera porque eran malvados y no satisfacen la expectativa del propietario. En resumen, rechazaron el Evangelio.

Esta lectura, por lo tanto, nos recuerda la generosidad de Dios. También nos recuerda su paciencia y justicia. Lo más importante, nos recuerda la expectativa de Dios de nosotros. “A quien mucho se le da, mucho se espera.” Por lo tanto, debemos estar listos para rendir una buena cuenta al Dios nuestro creador. No debemos decepcionarlo.

Finalmente, Dios nos llamó y nos eligió de su amor por nosotros. Por lo tanto, no debemos rechazarlo ni traicionarle como lo hicieron los primeros sirvientes. En cambio, debemos ser fieles a él dando buenos frutos, y también haciéndole buena cuenta.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=OGOX6elzL2k

Homily For The Twenty Sixth Sunday Of Ordinary Time, Year A

Obedience to God’s Will

Readings: 1stEz 18:25-28; Ps: 24:4-9; 2ndPhil 1:1-11; Gos: Mt 21:28-32

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

This Sunday, the Church draws our attention in a most special way to the importance of obedience to God. A popular saying is that “obedience is the first law in heaven.” It is obedience that will help us to be like Christ, who obeyed His Father unto death.

Available now on

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179451

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YSGTZF

In our first reading, God responded to Israel’s accusation that he was unjust because he allowed them to be subdued by their enemies. He condemns their attitude of disobedience. This was Israel’s case throughout its history. Due to their pride and disobedience, they suffered slavery and deportation to Egypt, Persia, and Assyria.

However, they obeyed God when they realized their fault, and He restored them. Hence, God reminds them, “When the upright man renounces his integrity to sin because of this, he dies of the evil that he committed.” In order words, renouncing the path of integrity is disobedience. Its consequence is death.

God is always giving us time and new opportunities. If we return to the part of integrity through obedience to His will, we shall be restored to life. In order words, disobedience brings alienation from God. This is equally spiritual death. On the other hand, obedience draws us closer to God.

The second reading presents Christ as the epitome and model of obedience to the will of God. However, Paul first reminds us of what God wants from us as a community. He says: “Be united in your convictions and your love. God does not want competition among you, no conceit. Instead, everyone must be self-effacing. Always consider the other better than.” He concludes: “In your minds, you must be the same as Christ Jesus.”

In what way or sense are we to be the same as Christ? Simple! We are to be the same as Christ in obedience and humility. In other words, we can only be true Christians obeying God’s will. His will includes what Paul enumerates above. That is, to love and respect one another and live according to God’s commands.

The gospel of today presents us with yet another famous parable of Jesus. The first son represents the tax collectors, prostitutes, and sinners, while the second son represents the Pharisees, Scribes, and mere churchgoers. Looking at the two sons, one will find that both failed their fathers in one way or the other. The first failed in words: “I will not go!” However, after reflection, he changed his mind and obeyed his father. Hence, he did in action what he failed to do in words.

The second failed his father both in words and action. First, he made a false promise: “Surely, I will go.” Also, he failed his father by not acting as he promised. This second son represents most of us who pay lip service to God: “These people honor me with their lips, but their hearts are far from me” (Mt 15, 18). He represents most of us who, during the sacraments of Baptism, Confirmation, Holy Orders, and Matrimony, responded, “I will to every question, but do not fulfill them.

As we know, faith affirms true doctrine and includes something more significant and profound. The hearer is to deny himself and commit his whole life to God in truth, humility, and obedience to His will. To be like Christ, we must harmonize the action of the first son and the word of the second son to do God’s will.

Peace be with you all!

Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=H88jnoBbPmY

Homilia del Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

Obediencia a la Voluntad de Dios

Readings: 1ra: Ezek 18:25-28; Ps: 24:4-9; 2da: Flp 1:1-11; Ev: Mt 21:28-32

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Disponible Ahora al:

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179509

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YTH1YX?

Este domingo, la iglesia llama nuestra atención de una manera muy especial a la importancia de la obediencia a Dios. Hay un refrán popular de que “la obediencia es la primera ley en el cielo”. Obediencia nos ayuda a ser como Cristo, que obedeció a su padre hasta la muerte.

En nuestra primera lectura, Dios respondió a la acusación de Israel de que era injusto, porque les permitía ser derrotado por sus enemigos. Condena su actitud de desobediencia. Este fue el caso de Israel a lo largo de su historia. Debido a su orgullo y desobediencia, sufrieron la esclavitud y la deportación a Egipto, Persia y Asiria.

Sin embargo, cada vez que se arrepintieron, Dios los restaura. Por lo tanto, Dios les recuerda que: “Cuando el hombre recto renuncia a su integridad para cometer pecado a causa de esto, él muere del mal que él mismo cometió”. En palabras de orden, renunciar a la senda de la integridad es la desobediencia. Su consecuencia es la muerte.

Dios siempre nos da tiempo y una nueva oportunidad. Si volvemos a la parte de la integridad a través de la obediencia a su voluntad, nos restaurará a la vida. En palabras de orden, la desobediencia trae la alienación de Dios. Esto es igualmente muerte espiritual. Por otro lado, la obediencia nos trae cerca a Dios.

En la segunda lectura, nos presenta a Cristo como el epítome y modelo de obediencia a la voluntad de Dios. Sin embargo, Pablo primero nos recuerda lo que Dios quiere de nosotros como comunidad. Él dice: “… Esten unidos en sus convicciones y en su amor… Dios no quiere la competencia entre ustedes, ni la vanidad.” Él concluye: “en sus mentes deben ser los mismos que Cristo Jesús…”

¿De qué manera o sentido debemos ser los mismos que Cristo? ¡Simple! Debemos ser los mismos que Cristo en obediencia y humildad. En otras palabras, sólo podemos ser verdaderos cristianos a través nuestra obediencia a la voluntad de Dios. Su voluntad incluye lo que Pablo enumera arriba. Es decir, amar y respetarse unos a otros, y también vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios.

El Evangelio de hoy nos presenta otra parábola popular de Jesús. El primer hijo representa a los recaudadores de impuestos, prostitutas y pecadores. Mientras que, el segundo hijo representa a los fariseos, escribas y meros asistentes de la iglesia. Evaluando los dos hijos, es cierto que ambos fallaron a su padre de una manera u otra.

El primero desobedeció y falló en palabras: “¡No voy a ir!” Sin embargo, después una debida reflexión, se cambió su corazón y obedeció a su padre. Por lo tanto, lo que él no pudo hacer en palabras lo hizo en la acción. El segundo falló a su padre tanto en sus palabras como en su acción. En primer lugar, hizo una promesa falsa. Dice a su padre, “iré” pero no fue. Además, falló a su padre al no actuar como prometió.

Este segundo hijo representa a la mayoría de nosotros que pagamos el servicio de labios a Dios: “Este pueblo me honra con su labio, pero su corazón está lejos de mí” (Mt 15, 18). Él representa a la mayoría de nosotros que siempre responden, sí o iré a cada pregunta, sin ningún compromiso.

La fe que conocemos no consiste meramente en afirmar la doctrina verdadera, sino que incluye algo más grande y más profundo. El oyente deber negarse y comprometerse a Dios en la verdad, humildad y obediencia. Para ser como Cristo, debemos armonizar la acción del primer hijo, y la palabra del segundo hijo con el fin de hacer la voluntad de Dios.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=OGOX6elzL2k

Homily For The 25th Sunday Of Ordinary Time, Year A

God’s Invitation and Love for all

Readings: 1st: Is 55:6-9; Ps: 144:2-3.8-9.17; 2nd: Rom 1:20-24.27; Gos: Mt. 20:1-16

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this 25th Sunday of ordinary time, we reflect on God’s unimaginable ways and love. This love is incalculable by any human standard. Hence, the Church invites us to emulate this love. All today’s readings have one thing in common: God’s Love for us.

Available now on

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179451

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YSGTZF

In the first reading, Isaiah invites us to “Seek the Lord while he is to be found; call to him while he is near, and let the wicked man abandon his way…!” In this reading, we see a God who expresses his love for his people. Despite our infidelity, we also see a God who continues to search for us. A God who cares and is ready to welcome us.

In the second reading, Paul expresses his love for God and the Gospel. As Christians, often, we are pulled in two directions. We all want to go to heaven, yet this life still appeals to us. Paul had the same mixed feelings, too. Although he believed he would soon be released from prison, he knew he could fall victim to Nero’s sword.

This created a conflict in him. He longed to be with Christ, for that would be much better. However, he also wanted to live because of his love for his brothers and children in the faith.  Hence, Paul’s answer to life’s most profound dilemma is, “To live is Christ, and to die is gain.” Love for Christ, the good news, and our brethren must motivate all our actions. It must be the source of our strength.

Through this, dying or living for God or our brethren will no longer be a tragedy. Instead, it would be a witness to the gospel. It would become an expression of our love for others. Paul summarizes his reflection with the following instruction: “Avoid anything in your everyday lives that would be unworthy of the gospel of Christ.”

In the gospel, Christ presents us with a dilemma. How could the employer pay everyone the same amount? It was difficult for the earlier (or first) group of workers to understand, just as it would be for most of us today. The key to understanding the action of the vineyard’s owner in this parable is in today’s first reading. God reminds us, “My thoughts are not your thoughts, and my ways are not your thoughts.”

What we see in the gospel today is simply the justice of God. His justice is governed by his generosity and unconditional love for all. His action towards the last group of workers shows he is not acting according to strict justice or economics.

Instead, he is motivated by love and generosity toward all who respond to his invitation. To all of us, he has extended the same unmerited invitation. He will pay the same wage to everyone because his love is unconditional. His reward depends not on when he calls anyone but on his generous and unimaginable love for all.

What counts in God’s vineyard is not years of service but the diligence of heart as a chosen one. All men are equally precious to God, no matter when they come in. God’s reward for all in His kingdom is this: His grace extended to all who responded faithfully to His divine invitation.

Finally, what matters is that the Lord is close to all who respond to his invitation. It does not matter how and when. His love is for all.

Peace be with you all!

Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=H88jnoBbPmY

Homilia del Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

La invitación, y Amor de Dios para todos

Readings: 1raIs 55:6-9; Sal: 144:2-3.8-9.17; 2daRom 1:20-24.27; Ev: Mt. 20:1-16

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este vigésimo quinto del tiempo ordinario, reflexionamos sobre los caminos inimaginables y el amor de Dios. Este amor es incalculable. Por lo tanto, la Iglesia nos invita a emular este amor. Todas las lecturas de hoy tienen una cosa en común, el amor de Dios por nosotros.

Disponible Ahora al:

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179509

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YTH1YX?

En la primera lectura, Isaías nos invita urge: “Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino…” En esta lectura, vemos a un Dios que expresa su amor por su pueblo. También, vemos a un Dios que, a pesar de nuestra infidelidad, sigue buscándonos. Un Dios, que se preocupa y está listo para acogernos.

En la segunda lectura, Pablo expresa el amor que tiene por Dios y por el Evangelio. Como cristianos, muchas veces, somos jalados en dos direcciones. Todos queremos ir al cielo, pero esta vida aún nos atrae. Pablo tenía los mismos sentimientos mixtos también. Aunque creía que pronto sería liberado de la cárcel, sabía que podía caer víctima de la espada de Nerón.

Esto creó un conflicto en él. Anhelaba estar con Cristo, porque eso sería mucho mejor. Sin embargo, también quería vivir, por su amor a sus hermanos y a sus hijos en la fe. Por lo tanto, la respuesta de Pablo al dilema más profundo de la vida es: “vivir, es Cristo, y morir, es ganancia”. El amor por Cristo, la buena nueva, y para nuestros hermanos deben motivar todas nuestras acciones. Debe ser la fuente de nuestra fuerza.

A través de esto, morir o vivir para Dios, o para nuestros hermanos ya no será una tragedia para nosotros. Más bien, sería un testimonio del Evangelio. Se convertiría en una expresión de nuestro amor por los demás. Pablo resume su reflexión con la siguiente instrucción: “Evita cualquier cosa en tu vida cotidiana que sea indigno del Evangelio de Cristo”.

En el Evangelio, Cristo nos presenta un dilema. ¿Cómo podría el empleador pagar a todo, la misma cantidad? Fue difícil para el anterior (o primero) grupo de trabajadores entender tal como sería para la mayoría de nosotros hoy en día. La clave para entender la acción del empleador en esta parábola está en la primera lectura de hoy. Dios nos recuerda que: “Mis pensamientos no son sus pensamientos, y mis caminos no son sus caminos.”

Lo que vemos en la acción en el Evangelio de hoy, es simplemente la justicia de Dios. Su justicia se rige por su generosidad y amor incondicional para todos. Su acción hacia el último grupo de trabajadores demuestra que no está actuando de acuerdo con la justicia estricta, ni con la economía.

Más bien, está motivado por el amor y la generosidad hacia todo lo que responde a su invitación. Para todos nosotros, él ha extendido la misma invitación inmerecida. A todos, él pagará el mismo salario o recompensa porque su amor es incondicional. Su recompensa no depende de cuándo el llamó a uno, sino de su amor generoso e inimaginable para todos.

Lo que cuenta en el reino de Dios no es años de servicio, sino diligencia de corazón como elegido. Todos los hombres, no importa cuando llegan, son igualmente hermosos para Dios. Por lo tanto, la recompensa de Dios para todos en su reino es simplemente su gracia que se extiende a todos aquellos que respondieron fielmente a su invitación divina.

Finalmente, lo que importa es que el Señor está cerca de todos los que responden a su invitación. No importa cómo y cuándo. Su amor es para todos.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=OGOX6elzL2k


Homilia del Vigésimo Cuatro Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

El Perdón Libre, Y Sana

Lecturas: 1ra: Sirac, 27: 30-28:7; Sal: 102; 2da: Rom 14: 7-9; Ev: Mt 18, 21-35

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy es el vigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario. La semana pasada, la iglesia nos recordó la importancia de la reconciliación a través del diálogo fraterno y el amor mutuo. Hoy, ella nos invita a reflexionar sobre el perdón. Es un elemento bien importante de la reconciliación, y nuestra creencia cristiana. Es el mensaje central de la primera lectura y el Evangelio de hoy.

Disponible Ahora al:

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179509

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YTH1YX?

Hay un refrán popular que errar es humano, mientras que perdonar es divino. Es decir, que aquel que peca actúa humanamente. Esto es porque, es parte de nuestros atributos como humanos errar o pecar. Por otro lado, la persona que perdona actúa divinamente. Esto es porque, perdonar es participar en un atributo bien importante y la naturaleza de Dios. Es decir, su divinidad. Es por lo que nuestro Dios es conocido. “Él es compasivo, misericordioso, amoroso y perdona” (Sal 102).

La primera lectura de hoy se centra en el perdón. Primero, nos recuerda que para que nuestra oración sea aceptable o escuchado, debemos perdonar a los demás. En segundo lugar, presupone que todos somos pecadores, y en necesitad de perdón de Dios. Entonces, para que seamos perdonados, primero debemos perdonar a los demás. Por lo tanto, Sirac nos insta: “Perdona la ofensa a tu prójimo, y cuando ores, tus pecados serán perdonados.” Este es una llamada a liberar a los demás, para que también, seriamos liberados y curados.

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda algo muy importante. “La vida y la muerte de cada uno de nosotros tiene su influencia en el otro.” También, nuestra capacidad de perdonar tiene una gran influencia en el otro, así como, en nosotros mismos. Es importante notar que el perdón tiene un doble efecto. Es una medicina de dosis única que cura a una o muchas personas al mismo tiempo. Se libera a aquel que es perdonado, y sana al que perdona.

En el Evangelio, Cristo lleva el perdón a un nivel diferente y práctico. Esto se desarrolla en el diálogo entre Pedro y Cristo. Pedro hizo una pregunta teórica: “¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano?” Jesús le respondió de la manera más práctica: “Hasta setenta veces siete.” La respuesta de Cristo, simplemente nos recuerda que el perdón cristiano no tiene límites. Debemos perdonar a todos y para siempre, como la oración de San Francisco de Asís dice: “Que donde haya ofensa, ponga yo perdón.”

Por lo tanto, para demostrar esto, Jesús dice una parábola sobre el Reino del cielo. Reflexionemos sobre cuántas veces hemos actuado como el siervo malvado. Fue perdonado una gran deuda, pero no podía perdonar a su vecino una poca deuda. Fue liberado, pero encarceló a su vecino. El mensaje de esta parábola es que debemos tratar a los demás misericordiosamente. Debemos perdonar, porque Dios nos perdona todos los días. No debemos siempre despreciar a nuestros vecinos. Más bien, debemos considerar sus situaciones como Dios considera nuestra situación siempre.

Jesús nos dice que perdonemos todo, y para siempre. ¿Qué significa perdonar todos y para siempre? En primer lugar, no significa: “Te perdono, pero vamos por caminos separados” o, te perdono, pero no quiero verte más en mi vida ” o, te perdono, pero no olvido”. Significa algo mucho más hondo. Significa restaurar la unidad, creer que es posible caminar juntos hacia una meta común. Significa curar una herida, sin dejar cicatriz.

Es importante añadir que, a veces, uno igualmente necesita perdonarse a sí mismo por las faltas cometidas contra uno mismo. Pena sin fin, o conciencia de culpa debido a los errores en la vida, reduce la calidad de vida de uno. Dificulta u obstaculiza tanto el progreso espiritual como el material. Por lo tanto, debemos perdonarnos a nosotros mismos también, para seguir viviendo en paz con uno mismos.

Finalmente, el que perdona actuar como Cristo. Así pues, mientras oramos hoy en esta celebración eucarística: “Perdónanos nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden,” pidamos a Dios que nos ayude ser fiel a estas palabras, viviéndolas prácticamente.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=OGOX6elzL2k


Homily For The 24th Sunday Of Ordinary Time, Year A

Forgiveness Liberates, And Heals

Readings: 1st: Sirac, 27: 30-28:7; Ps 102; 2nd: Rom 14, 7-9; Gos: Mt 18, 21-35

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today is the twenty-fourth Sunday of ordinary time. Last week, the church reminded us of the importance of reconciliation through fraternal dialogue and mutual love. Today she invites us to reflect on forgiveness. It is a vital element of reconciliation and our Christian belief. It is the central message of today’s first and gospel readings.

Available now on

Smashwords: https://www.smashwords.com/books/view/1179451

Amazon: https://www.amazon.com/dp/B094YSGTZF

There is a famous saying that to err is human, while to forgive is divine. That is to say, the one who sins acts humanly. This is because it is part of our human attributes to err or sin. On the other hand, the one who forgives acts divinely. This is because to forgive is to participate in an essential attribute and nature of God. That is His divinity. Our God is known for this. “He is compassionate, merciful, loving and forgiving” (Ps 102).

The first reading of today focuses on forgiveness. First, it reminds us that we must forgive others for our prayers to be answered. Second, it presupposes that we are all sinners needing God’s forgiveness. So, to be forgiven, we must first forgive others. Therefore, Sirac urges us: “Forgive your neighbor the hurt he does to you, and when you pray, your sins will be forgiven.” This is a call to liberate others to liberate and heal ourselves.

In the second reading, Paul reminds us of something fundamental. “The life and death of each of us influence the other.” Also, our ability to forgive has a significant influence on others as well as on ourselves. Hence, it is important to note that forgiveness has a double effect. It is a single-dose medicine that cures one or many persons simultaneously. It liberates the one who is forgiven and heals the one who forgives.

In the gospel, Christ takes forgiveness to a different and practical level. This unfolds in the dialogue between Peter and Christ. Peter asked a theoretical question: “How many times must I forgive my brother?” Jesus answered him most practically: “seventy-seven times.” Christ’s response reminds us that Christian forgiveness does not have limits. We must forgive all, always and forever, as the prayer of Sant Francisco of Assis says: “Wherever there is injury (offense or hurt), forgiveness.”

Hence, to demonstrate this, Jesus tells a proverb about the kingdom of heaven. Let us reflect on how often we have acted like a wicked servants. He was forgiven an outstanding debt but could not forgive his neighbor a little debt. He was set free, but he jailed his neighbor. The message of this parable is that we must treat others mercifully. We must forgive because God forgives us every day. We must not always hold our neighbors in contempt. Instead, we must consider their situations as God considers our situation always.

Jesus tells us to forgive all and forever. What does it mean to forgive all and forever? First, it does not mean: “I forgive you, but we must go our separate ways,” or I forgive you, but I do not want to see you again in my life,” or I forgive you, but I will not forget.” It means something much more profound. It means restoring unity and believing it is possible to walk together toward a common goal. It means to heal a wound without leaving a scar.

It is essential to add that, at times, one must forgive oneself for the faults committed against self. Endless grieving or guilt conscience because of one’s mistakes in life reduces one’s quality of life. It hinders both spiritual and material progress. So, we must forgive ourselves, too, to continue living in peace with ourselves.

Finally, he who forgives acts like Christ. So, as we pray today at this Eucharistic celebration: “Forgive us our offenses, as we forgive those who offend us,” let us ask God to help us to be true to these words by living them practically.

Peace be with you all!

Maranatha!

https://www.youtube.com/watch?v=H88jnoBbPmY