Lunes de IX Semana de tiempo ordinario, Año A

¡María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros!

Lecturas: 1ra: Gen 3:9-15, 20; Sal: 87; Ev: John 19:25-34

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es 1 de junio. Ayer, con la celebración de la fiesta de Pentecostés, llegamos al final del tiempo pascual, y al comienzo del tiempo ordinario en el ciclo litúrgico de la iglesia, año A.

La celebración de la fiesta de Pentecostés fue la celebración de una promesa cumplida por Cristo, que prometió no dejarnos huérfanos, enviándonos el Espíritu Santo para acompañarnos en nuestra misión.

Hoy, la iglesia celebra la memoria de María, Madre de la Iglesia. Esta es otra fiesta a través la que, Cristo nos asegura que está con nosotros, y que no nos dejará huérfanos, poniéndonos bajo la protección de su Santísima Madre, María.

Al igual que la solemnidad de María, Madre de Dios (Theotokos) celebrada el 1 de enero, este memorial celebra la maternidad de María, como Madre y Protectora de la iglesia fundada por Cristo su Hijo.

Así que, en el evangelio de hoy, Cristo entregó a su amado discípulo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo… Hijo, ahí está tu madre”. A partir de este momento, María Siguió viviendo y orando con los apóstoles (Hch 1:14). También, fue testigo del Pentecostés, y del nacimiento de la nueva iglesia.

Por lo tanto, como María acompañaba a Cristo hasta el pie de la cruz, sigue acompañando y protegiendo a la iglesia como madre a lo largo de su turbulenta historia y viaje. Ella nunca ha estado, y nunca estará ausente en la vida de la iglesia.

Esto es porque, María es obediente a la palabra de su hijo: “Mujer, ahí está tu hijo.” También, es fiel a su misión como madre y protectora de la iglesia. Una misión que Cristo mismo le confió.

Por lo tanto, renovada por el Espíritu Santo, y bajo la guía y protección de una madre amorosa, la Iglesia continuará avanzando.

Así que, al celebrar este memorial hoy, especialmente en este momento turbulento de la historia de la iglesia, pidamos a María que interceda, y proteja la iglesia de todo mal.

Santa María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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