Miércoles, IX Semana de Tiempo Ordinario, Año A

San Carlos Lwanga y compañeros, rueguen por nosotros

Lecturas: 1ra: 2 Tm 1:1-3. 6-12; Sal: 122; Ev: Mc 12:18-27

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, la iglesia honra santo Carlos Lwanga y a sus compañeros. Juntos, son popularmente conocidos como los Mártires de Uganda.

Eran 22 jóvenes que dieron testimonio con su sangre y vida por Cristo. Son los primeros mártires del África subsahariana y verdaderos testigos de la fe cristiana.

Carlos Lwanga, fue bautizado en noviembre de 1885, un año antes de su muerte. Era catequista y el jefe de los asistentes reales.

Instruyó a sus compañeros en la fe católica y bautizó personalmente a otros jóvenes asistentes, a quienes inspiró y animó a permanecer castos y fieles.

Carlos protegió sus jóvenes compañeros de los actos inmorales y demandas homosexuales del malvado gobernador. En 1886, sufrió martirio con un grupo de asistentes reales católicos y anglicanos afuera de Kampala, el capital del pais.

En el Evangelio de hoy, los saduceos llegaron a hacerle a Cristo una pregunta sobre la resurrección. Era un tema controversial, que causó un serio desacuerdo entre los saduceos y los fariseos.

Los saduceos no creían en la resurrección. Así que, vinieron a Jesús para criticar y burlar la fe en la Resurrección. Presentaron un caso ficticio de una mujer que se casó siete veces y murió sin tener ningún hijo.

Sin embargo, Cristo conocía su malvado complot y trampa. Una vez más, demostró que era más sabio que ellos. Abrió sus ojos a su propia ignorancia, y le dejaron avergonzado.

Constantemente, nos encontramos con situaciones que cuestionan los valores centrales de nuestra fe. La iglesia enseña que los actos homosexuales son actos impuros. San Carlos Lwanga y sus compañeros se negaron a formar parte de eso, y se mantuvieron firmes hasta la muerte.

También, la resurrección de los muertos está en el centro de la fe cristiana. Cristo lo defendió. Así que, oremos para que nosotros también podamos defender nuestra fe incluso en los momentos más difíciles de la vida.

San Carlos Lwanga y compañeros, rueguen por nosotros

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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