Jueves, XI Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Señor, por favor enséñanos cómo orar

Lecturas: 1ra: Sirac 48:1-15; Sal: 96; Ev: Mt 6:7-15

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el jueves de la undécima semana de tiempo ordinario. Hoy, Cristo nos da una oración muy preciosa, así como nos enseñó cómo orar.

Hay dos versiones del Padre Nuestro en Lc 11:1-4 y Mt 6:7-13. En Lucas, es más corto. La versión de hoy es del evangelio según Mateo.

Desafortunadamente, esta oración ha sido para algunos una fuente de controversia. Esto es porque, dicen que no es una oración real en sí misma, sino, un modelo de cómo orar. Esto es absurdo.

La oración del Nuestro Señor es tanto una oración en sí misma, como un rico modelo de como orar que contiene diferentes aspectos de oración desde la penitencia, la acción de gracias, la petición y la alabanza.

Por lo tanto, la Iglesia Católica enseña que la oración de Nuestro Señor es una hermosa oración de la iglesia dividida en siete peticiones importantes (CIC 2803-2854). Por eso, forma una parte muy importante de la Misa.

Es una oración completa. Así que, además de ser un modelo de cómo orar, Cristo nos la dio como una oración que abre la puerta del cielo, y toca el corazón de Dios.

Cristo siempre estaba conectado con su padre a través de la oración. Por lo tanto, la lección más importante hoy es que, Cristo nos recuerda la importancia de la oración como una herramienta para estar siempre en contacto con Dios.

Igualmente nos recuerda que, nuestra oración debe ser honesta, humilde y sencilla. Por eso nos advierte: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten.”

Por lo tanto, la oración es un diálogo sencillo con un Padre amoroso, y no es una discusión o disputa con él. Dios no nos escucha, ni contesta nuestra oración por lo fuerte que gritamos, o por la cantidad de palabras que usamos durante oración. Más bien, mira a nuestra humildad, sinceridad y necesidad genuina.

Oremos: Señor, por favor enséñanos cómo orar.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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