Viernes, XVI Semana de Tiempo Ordinario, Año A

La parábola del Sembrador

Lecturas: 1ra: Jer 3:14-17; Sal: Jer 31; Ev: Mt 13:18-23

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el viernes de la decimosexta semana del tiempo ordinario. En el evangelio de hoy, Jesús explica la parábola del sembrador a sus discípulos.

Si nos examinamos sinceramente a la luz de la parábola de hoy, encontraremos de manera convincente nuestro lugar en ella.

La difusión de las semillas por todas partes sin considerar la naturaleza del terreno, y donde caerán simplemente, refleja la universalidad de la salvación.

Es una señal de que, “Dios no tiene favorito. Quiere que todos escuchar la buena noticia y se salvan a través de su proclamación” (Hechos 10:34).

Un punto está claro del evangelio de hoy. La palabra de Dios es una semilla viable. En otras palabras, el problema no está con la semilla. Más bien, siempre esta con el receptor. Es decir, la actitud de uno hacia la palabra de Dios.

Por desgracia, para algunos de nosotros, la palabra de Dios ha perdido su significado. Se ha convertido en una historia anticuada repetida durante siglos.

Para otros, es un obstáculo como dijo Pablo: “Proclamamos a Cristo crucificado un obstáculo para los judíos y la tontería para los gentiles” (1 Co 1:23). Gloria sea a Dios que, todavia para muchos está viva y nueva.

La forma en que recibimos y tratamos la palabra de Dios determina quiénes somos, y lo que logra en nosotros. No está destinada a ser recibida y puesto en cuarentena.

Más bien, está destinada a ser vivido. No está destinada a ser pasivo en nosotros. Más bien, está destinada a nutrir y a ser uno con nosotros, así como los alimentos forman carne y se convierten en uno con nuestro cuerpo mortal.

Se supone que da forma a nuestra personalidad. Es decir, la forma en que vivimos, hablamos, caminamos y nos relacionamos con los demás. Como fue uno con Dios al principio (Jn 1:1-4), así, está destinada a ser uno con nosotros hoy, y siempre.

Finalmente, la palabra de Dios forma nuestra fe. Así que, nuestra fe y nuestra vida dependen de ella. Por lo tanto, Pablo dice: “La fe viene de oir el mensaje, y el mensaje es oído a través de la Palabra de Cristo”. (Rom 10:10 -17).

Que Dios nos ayude a crecer y madurar en nuestra fe, a través de su semilla que da vida, la palabra sembrada en nuestros corazones todos los días.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

 

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