Lunes, XXIV Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Lecturas: 1ra: Num 21: 4-9; Sal: 77; 2da: Flp 2:6-1; Ev: Jn 3:13-17

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, lunes 14 de septiembre, de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario, la Iglesia celebra la fiesta de la exaltación de la cruz. Es una fiesta inmovible. También, es conocida como la fiesta del triunfo de la santa cruz.

Las lecturas de esta fiesta fueron cuidadosamente seleccionadas. La primera lectura presenta la desobediencia y rebelión comunitaria del pueblo de Dios. Su rebelión fue recompensada con castigo inmediato. “Dios envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas.”

Cuando Moisés suplicó, Dios los sanó con el símbolo de la misma criatura con la que los afligió, una serpiente de bronce: “El que haya sido mordido por las serpientes y mire la que tú hagas, vivirá”.

Este símbolo de sanación prefigura a Cristo como Juan lo presenta en el evangelio de hoy: “Así, como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.”

Fue debido a su amor que Dios envió a Israel una serpiente de bronce como símbolo de sanación en el desierto. Este mismo amor alcanzó su clímax cuando Dios ofreció a su hijo único en la cruz para la salvación del mundo esclavizado por el pecado.

Por lo tanto, a través de la fiesta de hoy, la Iglesia nos recuerda que la cruz es ahora un símbolo de victoria sobre los poderes del mal (Col 2:15). Lo que solía ser un símbolo de vergüenza y desgracia ha sido transformado.

Pablo captura esto vívidamente: “Al convertirse en una maldición para nosotros, Cristo nos ha redimido de la maldición. Porque dice la escritura, cualquiera que esté colgado de una cruz está bajo la maldición de Dios. Cristo hizo esto para que la bendición que Dios prometió a Abraham se diera a los gentiles.” (Gal 3:13-14).

Así que, la cruz es un símbolo de salvación y victoria. Ya, no es un símbolo de maldición o vergüenza. Ahora es un símbolo de humildad porque en ella, Cristo se humilló a sí mismo (Flp 2:6-11). Es un símbolo de paciencia, esperanza y contraste a nuestro mundo donde “el sufrimiento” siempre se considera como una maldición.

Hoy pidamos a Dios la gracia para seguir identificándonos con este símbolo santo como aclamamos: “¡Te adoramos, oh Cristo, porque, por tu santa cruz, has redimido al mundo!”

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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