Martes, XXX Semana de Tiempo Ordinario, Año A

El reino de Dios parece a la semilla de mostaza

Lecturas: 1ra: Ef 5:21-33; Sal: 127; Ev: Lc 13, 18-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, martes de la trigésima semana del tiempo ordinario, Lucas nos presenta las parábolas de Cristo de la semilla de mostaza, y la levadura.

Esta lectura del Evangelio tiene su paralelo en Mt 13:31-35. En la vida, la mayoría de las cosas que eventualmente se vuelven grandes comienzan como pequeñas semillas sembradas en la tierra.

Por ejemplo, la mayoría de las mega negocios en nuestro mundo hoy en día comenzaron en pequeños apartamentos. La mayoría de los organismos vivos comienzan su vida de pequeñas semillas de semen o polen.

En el evangelio de hoy, Cristo utilizó la parábola de la semilla de mostaza y la levadura para ilustrar cómo se desarrolla la palabra de Dios, y el misterio del reino de Dios presente en nuestra vida.

Un punto importante a notar en ambas parábolas es la medida de (tamaño y cantidad) de los elementos involucrados. Ambos son pequeños, pero eventualmente, se convierten en algo grande.

Al principio, parecían insignificantes, pero después de algún tiempo, produjeron algo grande y muy significativo que beneficia a otros.

En ambos casos, antes de este éxito significativo de estos elementos, la semilla y la levadura primero deben experimentar la transformación por perder su identidad. Igualmente, transforman su ambiente mientras se desarrollan.

¿Qué aprendemos de estas dos parábolas similares hoy? Como la semilla de mostaza y la levadura, la palabra de Dios es la semilla del reino de Dios que ha sido sembrada en nuestra vida.

No importa lo poco que la hayamos escuchado, o en qué momento de nuestra vida la hayamos recibido. Lo que importa es que, si encuentra un lugar fértil en nosotros, nos transformará en algo precioso y hermoso.

Este reino crece en nosotros cada día. Crece a través de la predicación que escuchamos cada día, y eventualmente toca la vida de los demás positivamente.

Crece a través del testimonio de nuestra familia y comunidad cristiana, y se convierte igualmente en la buena nueva de Cristo, que irradia luz, atrae y transforma a otras personas que nos rodean.

Así que el reino de Dios no es algo abstracto, está dentro y alrededor de nosotros, y sigue desarrollándose cada día. Está aquí ahora, e igualmente en el futuro, porque Cristo reina en nosotros y reinará para siempre. Amen.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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