Homilía del Cuarto Domingo de Adviento, Año A

Listo para Recibir el Hijo de María, Emmanuel
Lecturas: 1ra: Is 7:10-14; Sal: 23, 1-6; 2da: Ro 1:1-7; Ev: Mt 1:18-24

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy es el cuarto domingo de Adviento. En un par de días a partir de ahora se cumplirán nuestras expectativas y nuestros esfuerzos y paciencia, justificados por el nacimiento del Mesías. Estos pocos días piden más atención y vigilancia.

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El signo que Dios nos revela en este último domingo de Adviento es altamente significativo. La elección de Dios del Mesías fue dentro de la casa de David. Sin embargo, el hijo de María pertenece a todas las naciones. Por lo tanto, todos, formamos parte de esa nación. Esto es a través del amor de Dios y su invitación a compartir la herencia de Cristo. Así pues, Cristo viene para el bien de todos nosotros.

En la primera lectura de este domingo, Dios nos dio el más grande y definitivo de los signos sobre el Mesías: “¡Una doncella está embrazada y pronto dará a luz un hijo que llamará Emmanuel, que significa Dios está con nosotros!” Es importante tener en cuenta que este signo fue dado al rey Acaz sólo después de que él se humilló y se negó a poner a Dios a prueba.

Por lo tanto, las lecciones aquí incluyen que, debemos permitir a Dios ser Dios, sin intentar adelantarse a Él. En segundo lugar, debemos aprender a confiar en el juicio de Dios y su voluntad para nosotros. En tercer lugar, no necesitamos correr detrás de signos, porque Dios ya nos ha dado la plenitud de la revelación en Jesucristo. La cuarta, es que, si nos humillamos, Dios nos revelará, “el misterio de su voluntad, según su propósito, en Cristo Jesús ” (Ef. 1, 9).

Tanto la segunda lectura y el Evangelio de hoy son narraciones sobre el nacimiento y la vida de Cristo. Nos recuerdan que las señales que Dios nos dio a través de los profetas, (es decir, los signos que son el fundamento de nuestra esperanza esta temporada), no son “flatus vocis” (palabras vacías). Por el contrario, son verdades cumplidas en Cristo.

Por lo tanto, en la segunda lectura, Pablo nos recuerda de las promesas que vinieron a través de las palabras de los profetas. Aquí, destacó tres hechos muy importantes. En primer lugar, nos recuerda el origen divino y la naturaleza de Cristo: “Esta es la buena noticia de Cristo, el hijo de Dios”. En segundo lugar, nos recuerda del origen humano y la naturaleza de Cristo: “.Que según la naturaleza humana que tomó, fue el descendiente de David.” Todo estofueron para asegurarnos que Cristo es realmente el Mesías prometido. El tercer hecho es nuestra relación con Cristo. Es decir, cómo formamos el plan de Dios, y de su economía de la salvación: “ustedes son una de esas naciones, y por su llamado pertenecen a Jesucristo”. A través de esto, Pablo nos recuerda nuestra herencia con Cristo.

En el Evangelio, Mateo narra “cómo Jesús nació.” Como Pablo, Mateo en su relato de la infancia remonta al linaje de Jesús a la dinastía del rey David. Esto también pretende asegurarnos (como Pablo), que Jesús es el Mesías prometido. En este relato, Mateo destacó el muy importante y central papel de María y José. Eran instrumentos de Dios para el cumplimiento de su misión de salvación para nosotros. Esto nos enseña que Dios está activo en nuestra historia y vida, y que Él viene a nosotros a través de los instrumentos humanos.

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Por último, como esperamos la venida del Mesías, cada uno de nosotros debe disponerse como instrumento digno. Debemos estar dispuestos a cooperar con Dios como lo hizo María y José, para que se cumplan las promesas de Dios a través de nosotros.

También, tenemos que permitirnos ser instrumentos a través de los cuales Dios pueda salvar a la humanidad. Por lo tanto, en cualquier capacidad que Dios nos llamó a participar en la economía de la salvación, cooperemos con Él como María y José lo hizo hoy.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha

https://www.youtube.com/watch?v=OGOX6elzL2k

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