Lunes de la XX Semana del Tiempo Ordinario, Año A

¿Qué más me falta?

Lecturas: 1ra: Ez 24:15-24; Sal: Deu 32:18-19.20. 21; Ev: Mt 19:16-22

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, es el lunes de la vigésima semana del tiempo ordinario. El Evangelio de hoy es muy interesante.

Destaca el hecho que, una persona verdaderamente rica es la que posee la sabiduría verdadera y no sólo la riqueza material. También nos recuerda que la riqueza material podría ser un grave obstáculo para obtener la sabiduría verdadera.

El hombre rico en el evangelio de hoy vino a justificarse, y a desfilar su piedad religiosa. De hecho, Cristo apreció su esfuerzo. Sin embargo, sabía que algo realmente le faltaba. Cristo le diagnosticó de un sólo problema, apego a su riqueza.

Este fue su “talón de Aquiles” (debilidad). Según su testimonio, le pareció que había hecho “todas las cosas bien”. Por desgracia, su debilidad era una zona intocable.

Se alejó triste sin dejar todo delante de Cristo. El hizo “todas las cosas bien”, pero carecía de la sabiduría para entender que la clave de la vida eterna es el desapego de este mundo.

Hay lecciones importantes que aprender del evangelio de hoy. Primera, podríamos tener un punto débil desconocido a nosotros. Sólo la sabiduría de Dios nos ayudará a iluminar esto.

Segunda, a veces, nos parece que hemos hecho “todas las cosas bien.” Por desgracia, el orgullo y amor de este mundo nos dificulta ver la realidad de nuestras vidas.

Tercero, no debemos permitir que la riqueza se convierta en un obstáculo entre nosotros y la vida eterna. Hoy, Cristo nos enseña que el apego a la riqueza es la manera más fácil de abandonar a Dios.

Esto es porque, el apego a la riqueza sobrecarga, y aleja el alma de uno de Dios. Hace que nuestro viaje espiritual sea muy pesado, difícil y casi imposible.

Finalmente, para ser verdaderamente sabio y rico, debemos buscar la sabiduría y el entendimiento que viene de Dios.

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

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