Martes, XIII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Señor, ¡sálvanos, que perecemos!

Lecturas: 1ra: Am 3:1-8; 4:11-12; Sal: 60; Ev: Mt 8:23-27

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el martes de la 13ra semana de tiempo ordinario. Hoy, Mateo nos presenta otro milagro de Cristo después de su sermón en el monte.

Aquellos de nosotros que vivimos en ambientes inestables con amenazas constantes de corrimientos de tierras, terremotos y huracanes sabemos lo que significa vivir en incertidumbre constante.

En el caso de los huracanes, los meses entre junio y octubre es un período de incertidumbre con nuestras mochilas empacadas y listas en todo momento. En el caso de terremotos, es un año completo de vigilancia.

No importa cuántas veces uno haya experimentado o sobrevivido a cualquiera de estos, no se puede decir: “Ahora estoy acostumbrado a ellos”. Lo único que uno puede estar acostumbrado es, el poder de su destrucción a cualquier cosa que se cruce su camino.

En el contexto bíblico e interpretación, la tormenta se utiliza figurativamente para describir o representar el miedo, la incertidumbre e incluso, el obstáculo en la vida o el camino de uno.

Así que, en el Evangelio de hoy, los discípulos de Cristo siendo “hombres del mar” y los pescadores profesionales sabían lo que significa encontrarse con una tormenta en su camino.

Una vez que lo vieron venir, supieron que había un peligro inminente y una amenaza a su vida. Sin embargo, se dieron cuenta de que estaban con el Señor, y rápidamente le llamaron: “¡Señor, sálvanos! ¡que perecemos!”

Sabían que estaban con alguien más grande que la tormenta. Al pedir ayuda a Cristo, demostraron su fe en él, y nunca les defraudó.

Como los discípulos de Cristo, en el curso de nuestra vida y nuestro camino diario, constantemente encontramos diferentes “tormentas”, obstáculos que hacen temblar nuestro corazón.

Sin embargo, no importa la situación, como los discípulos de Cristo, no debemos olvidar que no estamos solos en nuestro camino. En esos momentos no debemos olvidar esta promesa de Cristo: “Estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos. (Mt 28:20).

Esos momentos son oportunidades para demostrar nuestra fe a través de nuestra acción. Es el momento de invocar al Señor en oración, porque: “Todo que (sinceramente) invoca el nombre del Señor será salvo” (Rom 10:13).

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

Monday, XIII Week of Ordinary Time (Solemnity), Year A

Saints Peter and Paul, pray for us

Readings: 1st: Acts 12: 1-11; Ps 33; 2nd: 2 Tim 4: 6-8.17-18; Gos: Jn 16: 13-19

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today, Monday of the thirteenth week of ordinary time, the Church celebrates the solemnity of two great pillars of our faith, Saints Peter and Paul. Their impact in our lives as Christians cannot be over emphasized.

So, what we celebrate today is faithfulness, courage, humility, and missionary zeal. These are the qualities that characterized the life of these iconic figures.

Today’s first reading narrates the story of the mysterious rescue of Peter from prison. There is something spectacular about this rescue.

While Peter was being incarcerated, “the Church prayed fervently to God on his behalf.” He was never alone in the battle. Rather, the entire church united with him in prayer. Of course, God heard their prayer and acted quickly.

In the second reading, Paul confidently announced: “I have finished the race. I have kept the faith.” These words remind us that, their mission was not an easy one. Rather, it was a constant battle ground.

The lives of these two apostles that we honor today were filled with ups and downs. It was characterized by personal sins, denials, weaknesses, loneliness, despair, and of course, much persecutions.

How did they succeed? At a certain point in time in their life, they realized that the battle was not solely theirs, but the Lord’s. As Paul puts it: “The grace of God is sufficient for me” (2 Cor 12:9). So, in addition to working very hard, they always relied on this grace till the end.

They were not created perfect. In spite of this, they moved on. At every point in their journey and mission, they relied on God and the Holy Spirit for inspiration and direction.

Of course, the Lord stood by them, and gave them power, so that through them, the message of salvation was proclaimed to the ends of the earth, among Jews and gentiles.

So, as we honor these two pillars of our faith today, let us ask God to keep us strong and faithful like them at all times as we navigate the difficult waters of his mission for us.

Saints Peter and Paul, pray for us

Peace be with you all!

Maranatha!

Lunes, XIII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Sans Pedro y Pablo, ruegan por nosotros

Lecturas: 1ra: 2 Reyes 17:5-8.13-15.18; Sal: 60; Ev: Mt 7:1-5

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, lunes de la decimotercera semana del tiempo ordinario, la Iglesia celebra la solemnidad de dos grandes pilares de nuestra fe, los santos Pedro y Pablo. Su impacto en nuestras vidas como cristianos no puede ser sobre enfatizado.

Por lo tanto, lo que celebramos hoy es fidelidad, valor, humildad y celo misionero. Estas son las cualidades que caracterizaron la vida de estas figuras icónicas.

La primera lectura de hoy narra la historia del misterioso rescate de Pedro de la cárcel. Hay algo espectacular sobre este rescate.

Mientras Pedro estaba encarcelado, “la Iglesia oró fervientemente a Dios por él”. Nunca estuvo solo en la batalla. Más bien, toda la iglesia se unió con él en oración. Por supuesto, Dios escuchó su oración y actuó rápidamente.

En la segunda lectura, Pablo anunció con confianza: “He luchado bien en el combate, he perseverado en la fe”. Estas palabras nos recuerdan que su misión no fue fácil. Más bien, era un campo de batalla constante.

La vida de estos dos apóstoles que honramos hoy estaba llena de altibajos. Se caracterizó por pecados personales, negaciones, debilidades, soledad, desesperación y, por supuesto, muchas persecuciones.

¿Cómo tuvieron éxito? En un cierto momento de su vida, se dieron cuenta de que la batalla no era sólo suya, sino la del Señor. Como dijo Pablo: “La gracia de Dios es suficiente para mí” (2 Co 12:9). Así que, además de trabajar muy duro, siempre confiaron en esta gracia hasta el final.

No fueron creados perfectos. A pesar de esto, se marcharon para adelante. En cada punto de su viaje y misión, confiaron en Dios, y el Espíritu Santo para la inspiración y dirección.

Por supuesto, el Señor se quedó a su lado, y les dio poder, de modo que, a través de ellos, el mensaje de salvación fue proclamado hasta los confines de la tierra, entre tanto los judíos y los gentiles.

Así que, al honrar estos dos pilares de nuestra fe hoy, pidamos a Dios que nos mantenga fuertes y fieles como ellos en todo momento, mientras navegamos por las difíciles aguas de su misión para nosotros.

Sans Pedro y Pablo, ruegan por nosotros.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

Saturday, XII Week of Ordinary Time, Year A

When humility embraces faith, great things happen

Readings: 1st: Lam 2:2. 10-14.18-19; Ps: 74; Gos: Mt 8:5-17

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today is the Saturday of the twelfth week of ordinary time. After the sermon on the mount, Matthew recorded ten miracles of Jesus between chapter eight and nine of his Gospel.

Today, he presents three healing episodes from this chain of Jesus’ miracles. I will focus only on the first of these three miracles of today.

However, one thing is common to the three miracles of today. This is the fact that, they are all good examples of humility and faith in action.

They also, remind us that when humility embraces faith, great things happen, and much is achieved through divine intervention.

The first miracle of the healing of the Centurion’s servant has much to teach us. Given the position of the Centurion, one would expect that he should have sent one of his servants to invite Christ to his house.

However, he humbly went to Christ by himself. His words after stating his mission showed the depth of his humility: “Lord, I am not worthy to have you enter under my roof, only say the word and my servant will be healed.”

This is an attitude of unlimited trust. Of course, the one who came to be touched by Christ, himself touched Christ through his humility, faith and words. Through his faith, he moved Christ to grant him an “express service.”

Compassion and respect are prominent in Jesus’ relationships with us. In his ministry of bringing the good news and healing, Christ always takes the initiative, and responds to our different requests and needs.

That is, irrespective of who is involved, and our situation. This is because, what matters most to him is our salvation, and peace.

However, we must pause to ask ourselves today, how many of our leaders can humble themselves like this centurion? How many of us can sale our pride in order to do what he did?

Christ is ever ready to listen, and to heal us, but, are we ready to humble ourselves and come to him in faith?

Peace be with you all!

Maranatha!

Sábado, XII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Cuando la humildad abraza la fe, grandes cosas suceden

Lecturas: 1ra: Lam 2:2. 10-14.18-19; Sal: 74; Ev: Mt 8:5-17

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el sábado de la duodécima semana del tiempo ordinario. Después del sermón al monte, Matthew registró diez milagros de Jesús entre el capítulo ocho y nueve de su Evangelio.

Hoy, presenta tres episodios de sanación de esta cadena de milagros de Jesús. Me centraré solo en el primero de estos tres milagros de hoy.

Sin embargo, una cosa es común a los tres milagros de hoy. Este es el hecho de que, todos son buenos ejemplos de humildad y fe en la acción.

El primer milagro de la sanación del siervo del Centurión tiene mucho que enseñarnos. Dada la posición del Centurión, uno esperaría que hubiera enviado a uno de sus siervos para invitar a Cristo a su casa.

Sin embargo, humildemente fue a Cristo por sí mismo. Sus palabras después de expresar su misión mostraron la profundidad de su humildad: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; digas una sola palabra, mi criado quedará sano.”

Esta es una actitud de confianza ilimitada. Por supuesto, el que vino a ser tocado por Cristo, tocó a Cristo a través de su humildad, fe y palabras. A través de su fe, movió a Cristo para concederle un “servicio expreso”.

La compasión, y el respeto son prominentes en las relaciones de Jesús con nosotros. En su ministerio de traer la buena nueva y la sanidad, siempre Jesus toma la iniciativa, y responde a nuestras diferentes peticiones y necesidades.

Es decir, independientemente de quién esté involucrado, y de nuestra situación. Esto es porque, lo que más le importa es nuestra salvación y paz.

Sin embargo, debemos hacer una pausa para preguntarnos hoy, ¿cuántos de nuestros líderes pueden humillarse como este centurión? ¿Cuántos de nosotros poden vender nuestro orgullo para hacer lo que hizo?

Cristo está siempre listo para escuchar, y para sanarnos, pero, ¿estamos dispuestos a humillarnos a nosotros mismos y venir a él con fe?

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

Friday, XII Week of Ordinary Time, Year A

Lord, if you wish, heal our world of COVID 19

Readings: 1st: 2 Kg 25:1-12; Ps: 137; Gos: Mt 8:1-4

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this Friday of the twelfth week of ordinary time, the gospel presents us a spectacular encounter of Christ after his sermon on the mount.

Among those that followed Christ after his sermon was a leper. However, apart from being a leper there is something that differentiates him from the crowd.

While the crowd eventually left, this man remained with Christ. Second, he did what others did not do: “He did him homage.”

Through this, he attracted the attention of Christ, and then humbly made his plea to Christ: “Lord, if you wish, you can make me clean.”

Through this humble act, the leper allowed himself to experience his own need of healing.

His plea was very humble because he knew that at this moment, everything depended on the mercy of God. Of course, moved by compassion, Christ healed him immediately.

From this leper we learn that, we need to go further than the others in order to encounter Christ personally. Also, that we should always make our plea in a humble manner.

This miracle of the healing of this leper reminds us that, our world is not constructed with stone. Rather, that it is subject, and open to the power and grace of God.

Like this leper, in one way or the other we all need help. The good news is that, God is always willing to help us if we manifest a true faith in him, through right actions.

The leper manifested his faith through his right actions – going extra mile with Christ and humbly voicing his need.

So, let us humbly ask Christ to come to our aid, and heal our world of this terrible diseases of COVID -19.

Peace be with you all!

Maranatha!

Viernes, XII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Señor, si quieres, puedes curar nuestro mundo de COVID 19

Lecturas: 1ra: 2 Reyes 25:1-12; Sal: 137; Ev: Mt 8:1-4

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Este viernes de la duodécima semana del tiempo ordinario, el Evangelio nos presenta un encuentro espectacular de Cristo después de su sermón en el monte.

Entre los que siguieron a Cristo después de su sermón era un leproso. Sin embargo, aparte de ser leproso hay algo que lo diferencia de la multitud.

Mientras la multitud eventualmente se fue, este hombre permaneció con Cristo. En segundo lugar, hizo lo que otros no hicieron: “Le hizo homenaje”.

A través de esto, atrajo la atención de Cristo, y humildemente hizo su súplica a Cristo: “Señor, si quieres, puedes curarme.”

A través de este humilde acto, el leproso se permitió experimentar su propia necesidad de sanación.

Su súplica era muy humilde porque sabía que, en este momento, todo dependía de la misericordia de Dios. Por supuesto, movido por la compasión, Cristo lo sanó inmediatamente.

De este leproso aprendemos que, necesitamos ir más allá que los demás para encontrar a Cristo personalmente. También, que siempre debemos hacer nuestra petición de una manera humilde.

Este milagro de la sanación de este leproso nos recuerda que nuestro mundo no está construido con piedra. Más bien, que está sujeto, y abierto al poder y la gracia de Dios.

Como este leproso, de una u otra manera todos necesitamos ayuda. La buena noticia es que, Dios siempre está dispuesto a ayudarnos si manifestamos una verdadera fe en él, a través de acciones correctas.

El leproso manifestó su fe a través de su acción correcta, permaneció con Cristo, y humildemente expreso su necesidad.

Por lo tanto, humildemente pidamos a Cristo que venga en nuestra ayuda, para sanar nuestro mundo de esta terrible enfermedad de COVID -19.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

Jueves, XII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

¡Escuche y actúe!

Lecturas: 1ra: 2 Reyes 24:8-17; Sal: 78; Ev: Mt 7:21-29

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este jueves de la duodécima semana del tiempo ordinario, Cristo nos presenta la última parte de su sermón en el Monte.

El discurso de Cristo hoy, es simplemente parte de su llamado y recordatorio continuo a nosotros a ser auténticos y prácticos cristianos.

Nos recuerda que: “No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino del cielo, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en el cielo.”

Esto significa que, no basta hablar y cantar en el nombre de Cristo, sino que es necesario que practicamos lo que escuchamos cada día de la Palabra de Dios.

Si seguimos hablando de Dios, pero no vivimos de acuerdo con su voluntad, simplemente nos contradecimos a nosotros mismos.  

Por lo tanto, Pablo nos recuerda: “El Señor conoce a aquellos que son suyos. Todo el que invoca el nombre del Señor debe apartarse de la maldad o iniquidad (2 Tim 2:19).

Así que, además de usar, e invocar el nombre de Jesús, debemos desarrollar una relación muy práctica y auténtica con él.

El mundo está cansado de muchas palabras vacías de nosotros, cristianos. Más bien, quiere ver que nuestras palabras se traduzcan en buenas acciones ancladas en la palabra de Dios que escuchamos diariamente.

Por lo tanto, no debemos vivir en una ilusión constante de trabajar por, y con Cristo, si no hemos tenido un encuentro transformador con él.

Un verdadero encuentro con Cristo es lo que transforma nuestras propias vidas, y nos hace cristianos prácticos y auténticos. Nos ayuda a ser humildes, caritativos, misericordiosos y disponibles para su misión.

Por lo tanto, el resumen de lo que Cristo nos enseña hoy es esto: “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11:28).

Así que, pidamos a Dios que nos ayude a ser verdaderos y auténticos cristianos que tomaran su palabra, y su voluntad en serio diariamente.  

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

Thursday, XII Week of Ordinary Time, Year A

Listen and act!

Readings: 1st: 2 Kg 24:8-17; Ps: 78; Gos: Mt 7:21-29

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this Thursday of the twelfth week of ordinary time, Christ presents us with the last part of his sermon on the Mount.

Christ’s discourse today is simply part of his continuous call and reminder to us to be authentic and practical Christians.

He reminds us that: “Not everyone who says to me, Lord, Lord, will enter the Kingdom of heaven, but only the one who does the will of my Father in heaven.”

So, this means that, it is not just sufficient only to talk and sing in the name of Christ, but that, it is necessary for us to practice what we hear every day from the word of God.

If we only continue to speak about God, but do not live according his will, we simply contradict ourselves.

Hence, Paul reminds us: “The Lord knows those who are his. Everyone who invokes the name of the Lord must turn away from wickedness or iniquity” (2 Tim 2:19).

So, in addition to using, and calling on the name of Jesus, we must develop a very practical and authentic relationship with him.

The world is tired of much empty words from us, Christians. Rather, it wants to see our words translate into good actions anchored on the word of God that we hear daily.

So, we must not live in a continuous illusion of working for Christ, if we have not had a transforming encounter with Him.

A true encounter with Christ is what transforms our own lives and makes us practical and authentic Christians. It teaches how to be humble, charitable, merciful and available for his mission.

Hence, the summary of what Christ is teaching us today is this: “Blessed are those who listen to the Word of God, and put it into practice” (Lk 11:28).

So, let us ask God, to help us to be true and authentic Christians, who will take his word and will seriously in our daily lives.

Peace be with you all!

Maranatha!

Miércoles, XII Semana de Tiempo Ordinario, Año B

Solemnidad del nacimiento de Juan Bautista, El Profeta de los profetas

Lecturas: 1ra: Is: 49:1-6; Sal: 138; 2da: Hechos 13: 22-26; Ev: Lc 1: 57-66.80

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, la Santa Madre Iglesia celebra la natividad de un gran profeta, Juan el Bautista. Es conocido popularmente como el precursor de Cristo. Su nacimiento marcó el final de un antiguo era profética, así como el comienzo de uno nuevo. Era el vínculo entre el Antiguo, y el Nuevo Testamento. Por lo tanto, se le conoce como “el puente”.

En la primera lectura, el profeta Isaías relata su llamado al ministerio profético. Él anunció: “El Señor me llamó antes de que yo naciera.” Él libremente y obedientemente respondió a esta llamada. Lo llevó a cabo a pesar de todas las probabilidades en su contra.

Un punto notable que Isaías resaltó en el relato de su llamado y misión es que Dios equipa y protege a los que llamó hasta que han cumplido su misión. Este es el relato de Isaías: “El hizo de mi boca una espada afilada, y me ocultó a la sombre de su mano; hizo de mi una flecha punzante, me escondió en su aljaba.”

Vemos esto en las vidas de todos los verdaderos profetas. Nada podría detenerlo hasta que hayan cumplido la voluntad de Dios. Como un gran profeta, él fijó el paso para sus sucesores incluyendo Juan el Bautista cuyo cumpleaños celebramos hoy.

La segunda lectura nos recuerda el importante papel que Juan jugó en la historia de nuestra salvación. Él no era el Mesías, pero él fue el elegido especialmente por Dios para ser el heraldo del Mesías. Preparó el camino para su venida.

Lucas destacó una virtud muy importante mostrada por Juan Bautista al comienzo de su ministerio. Esta fue su humildad. Él anunció antes de la mano: “Yo no soy el que usted imagina que yo sea. Uno viene detrás de mí y yo no soy apto para desatar su sandalia.” Él sabía lo que fue llamado a hacer y simplemente lo hizo. Era verdadero a su misión.

Aunque, tenía una estima muy alta entre sus discípulos, se humilló como un siervo. Conocía su lugar y su misión desde el vientre de su madre. Durante su encuentro divino con Cristo en el vientre de María, humildemente lo adoraba y saltó de alegría (Lc 1:41).

Juan sabía que él era sólo un siervo y un mensajero enviado para preparar el camino. Su mensaje era sencillo pero poderoso. Cuando finalmente Cristo vino, humildemente le presentó a sus discípulos y al mundo: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:19). Ha completado su misión. Por lo tanto, no se molestó cuando sus discípulos lo abandonaron para seguir al Mesías. Vivió lo que predicó y murió por ello.

El Evangelio de hoy relata el misterio del nombramiento de este gran profeta. Dios y sus padres estuvieron de acuerdo en que su nombre es Juan. Según sus parientes este nombre estaba fuera de la tradición: “Nadie en su familia lleva ese nombre.” Este es el principio y la verdadera señal de que algo diferente estaba a punto de suceder. También la curación instantánea de la mudez de su padre lo demostró.

Juan el Bautista, un profeta como ningún otro con un nombre raro, y una misión especial ha nacido. Fue una figura valiente que anunció la buena nueva de arrepentimiento y salvación al mundo sin temor a ser castigado. Es el modelo de todos nosotros que hemos sido llamados a defender, y predicar la verdad sin prejuicio o temor de perder sus propias vidas. Nadie podría detenerlo, y nadie puede detenernos, si confiamos en Dios como él lo hizo.

Juan significa “Yahvé es misericordioso.” Por supuesto, era un don no sólo a sus padres considerados estéril por mucho tiempo, pero a todo el mundo que él vino a anunciar la inminente llegada del Mesías. Al igual que su predecesor Isaías, la mano del Señor estaba con él, y su misión fue un éxito.

Así que hoy pidamos a Dios que nos conceda la humildad, el valor y la resiliencia de este gran profeta de los profetas, especialmente, en este momento que nuestro mundo necesita que seamos más proféticos y auténticos. También, pidamos a Dios que nos ayude, para que nuestro propio nacimiento sea una bendición para nuestro mundo.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!